Sobre los buenos lectores y los malos lectores (a propósito de "La experiencia de leer" de C.S. Lewis)

Jean Julien
Acabo de terminar de leer un libro de esos que me han acompañado a lo largo de los años. Un libro que, en las mudanzas, acababa en la caja de "mudar" y que hasta ahora no había tenido el tiempo de leer. Y me alegro de haberlo guardado y, sobre todo, de haber dispuesto de una buena tarde de lectura para darme cuenta de cuán valioso es. La experiencia de leer es un ensayo del escritor C.S. Lewis, autor sobre todo, y para muchos de nosotros, de los siete libros de las Crónicas de Narnia entre los que se encuentra el inolvidable: El león, la bruja y el armario. 
En este libro, que se lee de una sentada y afilando varias veces el lápiz, el autor comparte una curiosa e interesante teoría: llevamos muchos años hablando de libros buenos y libros malos. Pero ¿qué pasa si en lugar de eso empezamos a hablar de lectores buenos y lectores malos?  Un ejercicio muy interesante que tiene numerosas conexiones con el trabajo que hacemos con los libros para niños. Ya he contado aquí varias veces que sabemos poco sobre la recepción de los libros y sobre cómo los niños viven sus experiencias de lectura, en contraste muchas veces, a las nuestras como mediadores. Lo que Lewis explora en su texto nos da mucha ideas, no sólo sobre los lectores sino sobre nosotros mismos.

En su investigación (pues para él es un ensayo experimental tal y como lo dice el título de la edición original: An Experiment in Criticism), Lewis renuncia a ideas como que la literatura debe valorarse porque nos dice verdades sobre la vida, o contribuye a nuestra formación cultural, y prefiere enfocarse en la práctica y experiencia literaria dentro de ellas. Los libros que están en un anaquel sólo son literatura potencial. Así que, desde la perspectiva de un lector ¿qué valor tiene interesarse por historias que narran cosas que nunca han sucedido o concentrarse para imaginar cosas que jamás podrían existir? Y ¿por qué unos lectores lo hacen de una manera superficial y otros lo hacen con la imaginación atenta y fecunda?

A estos dos lectores se refiere a lo largo del libro. El primero es el que encasilla en mayoritario por su gusto hacia lo popular. Luego estaría el minoritario. Aquí van algunos rasgos de ambos:

El mal lector lee para entretenerse, para "pasar el tiempo" y no duda en abandonar la lectura si aparece algo mejor. Al terminar de leer un libro, no parece que nada cambie en su interior. Rara vez piensa en los libros leídos y apenas habla sobre ellos. Lee cuando no tiene nada mejor que hacer y devora los libros para "descubrir qué sucedió". Casi nunda los relee. Solamente lee textos narrativos. No tiene oído, sólo lee con los ojos. Tampoco es sensible al estilo. Prefiere narraciones en las que el elemento verbal se reduce al mínimo y son "rápidas": siempre tiene que estar sucediendo algo. En un relato rápido sólo hay hechos. Prefiere los clichés ("se le heló la sangre") en lugar de las descripciones que lleven a esa emoción. Prefiere que el autor sea emocionante, que excite su curiosidad (de ahí la gran popularidad de la novela policíaca y de misterio).
El segundo tipo de lector, el bueno, el que tiene sensibilidad literaria, está buscando siempre tiempo y silencio para entregarse a la lectura, concentrando toda su atención en ella. Está más interesado en interpretar o resumir su propia experiencia, y dedica tiempo a comentar sus lecturas con los demás. Experimenta emociones profundas. Puede leer un libro varias veces. Tiene una imaginación atenta, que le permite utilizar cualquier descripción para explorar sus emociones. 

Alice Lindstrom


Sin embargo, no todo es tan sencillo. Como el propio Lewis indica, un mismo libro puede leerse de diferentes maneras y depende tanto de la experiencia como de razones culturales y sociales. Por ello adelanta una definición: Lo que condena un libro no es la existencia de malas lecturas, sino la ausencia de buenas. Desde el punto de vista ideal, nos gustaría poder definir un buen libro como el que "permite, propone o impone" una buena lectura.


Aquí hago una pausa para preguntarme ¿qué tipo de lector estamos propiciando? Aunque Lewis no indaga en este asunto, sí explica cómo se ejercita el "músculo mental" que nos lleva a ser buenos lectores. Básicamente dice que después de haber acompañado a una obra con todos nuestros sentidos, nos sentimos inclinados a hacer una serie de reflexiones muy interesantes. Ahora bien, ¿qué ocurre si el tipo de libros que ofrecemos a los niños no permiten que el artista pueda guiar nuestro sentimiento y fantasía "matiz por matiz, elevándolos mediante levísimas modificaciones"?  ¿Qué ocurre con todos esos libros "sobre" algo importantísimo que los escritores, editores e ilustradores quieren contarle a los niños para que quede claro? ¿Qué ocurre cuando la literatura se convierte en una religión, en una filosofía, en una escuela de moral, una psicoterapia, una sociología? Y en este punto de mis elucubraciones subrayé furiosamente este párrafo:
Nuestra preocupación por hacer algo con las obras prácticamente impide que éstas puedan obrar de alguna manera sobre nosotros. De forma que, cada vez más, en lugar de encontrarnos con ellas, lo que hacemos es encontrarnos con nosotros mismos. Ahora bien: uno de los efectos más importantes del arte consiste en desviar nuestra mirada de esa imagen especular, en librarnos de esa soledad. Cuando leemos "literatura de conocimiento" lo hacemos con la esperanza de llegar a pensar mejor y con más claridad. Yo diría que cuando, en cambio, leemos obras de imaginación nos interesa mucho menos modificar nuestras opiniones (...) que participar plenamente en las opiniones de otras personas.


Jon Davis

Hay mucho para pensar y reflexionar en este libro. A pesar de estar escrito en 1961 y llegar al español en el año 2000 no es raro que se haya convertido en una obra de referencia para pensar en la lectura, la literatura y los lectores. Cierro con una de sus frases finales:
La experiencia literaria cura la herida de la individualidad, sin socavar sus privilegios. Hay emociones colectivas que también curan esa herida pero destruyen los privilegios. En ellas nuestra identidad personal se funde con la de los demás y retrocedemos hasta el nivel de la sub-individualidad. En cambio, cuando leo gran literatura me convierto en mil personas diferentes sin dejar de ser yo mismo. 
C.S.Lewis
La experiencia de leer.
Alba Editorial. 142 págs. 15€

Nini Alaska

13 comentarios:

  1. Si bien alguien tiene que firmar estas palabras me gustaría adelantar que recogen un proceso de investigación empírica (y no por ello menos reflexiva) que se lleva a cabo en La CALA desde hace unos años y en el que han participado decenas de personas. Desde el primer día lo llamamos Maneras de leer ( https://lacala.es/maneras-de-leer/) y el título ha definido nuestra intención descriptiva. Porque de eso se trata, de saber cómo leemos, y no de juzgar ni juzgarnos. Juzgar enturbia siempre cualquier proceso de investigación, de conocimiento.

    No hemos leído La experiencia de leer, de C.S.Lewis y los comentarios que siguen tienen como única referencia el texto que nos ofrece generosamente Ana Garralón. Estos años hemos aprendido que hay más de dos grupos de lectores, si es que hay grupos; y también hemos aprendido que cada uno de nosotros lee a lo largo de su vida, incluso a lo largo del día, de maneras muy diferentes.

    El binomio que plantea Lewis despliega toda la atracción retórica propia a cualquier antítesis (Baltasar Gracián sigue ejerciendo su magisterio), y cuesta poco caer a los pies de su seductora clasificación, pero después de la caída toca levantarse y discutirle a Lewis su simpleza, pedirle, pedirnos más: la búsqueda del matiz, del detalle, de la divergencia, de la pluralidad y, sobre todo, la búsqueda de lo desconocido.

    Barthes decía que una teoría de la lectura era una misión imposible, quizás tuviera razón; en cualquier caso, si lo que nos interesa es conocer cómo leemos, haremos bien en evitar juicios. A diferencia de conductas como freír un huevo, tejer una bufanda, o legislar, solo podemos saber cómo leen los otros si nos lo cuentan, y para disfrutar de ese relato, de esa reflexión, hay que eliminar toda sospecha de juicio frente a quien va a contarlo. De lo contrario, solo tendremos silencio.

    Cabe diferenciar crítica de juicio; cabe diferenciar la toma de conciencia de la sentencia.

    P.S.: Hay una manera de leer que acaba en conversación porque hay una manera de escribir que empieza en conversación. Conversar es reconocer que hay alguien ahí. Gracias, Ana.

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  2. Cada vez que me preguntó ¿para qué la literatura? las últimas frase de Lewis que recoges llegan a mi mente. No exactamente así, claro, pero si con ese mismo espíritu. Leo para ser otros y le leo a los niños para que ellos sepan que ser otros es divertido y nos puede llevar a conocer y sentir como si hubiéramos vivido muchas vidas

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    1. Gracias Mabu por tu comentario: así es. Leemos para estar en otros lugares, para levantar un muro delante de nuestra realidad... y esas vidas de otros que vivimos con tanta intensidad... me encanta cómo lo dice.

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  3. Leer, leer,leer. Siempre leer, desde el boleto del bus hasta la enciclopedia britanica, la lectura es el alimento de la mente, hay que leer mucho, es como buscar oro, se debe mover toneladas de tierra para logar un gramo de metal, se debe leer mucho para lograr una mediana cultura.
    Se crece leyendo, ay de quienes no pueden leer,peor, ay por quienes no quieren leer, perdono al analfabeto, por este no sabe leer, pero juzgo al alfabetizado, porque sabiendo no lee y eso es peor.

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    1. Completamente de acuerdo, Miguel, aunque habría que pensar por qué el alfabetizado no lee... ¿tal vez no encontró el libro que le removió?

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  4. Querida Anatarambana:
    Qué gratificante es leer tu reseña crítica, ¡me han dado unas ganas tremendas de hincarle el ojo a esta lectura!
    Tuve la suerte de asistir a las clases de el bibliotecario, bibliófilo, filólogo y escritor Manuel Carrión Gútiez, falleció el pasado 2016, un profesor que según sus palabras no distinguía entre buenos y malos lectores, ¡los lectores son lectores, ni buenos ni malos!", nos decía. La cuestión es cómo nos vamos haciendo, preferir la trama sobre el desenlace, cómo se nos afina el olfato buscando lo que nos satisface para transcender esa individualidad. y cómo te conviertes, por cómo te hace sentir, en alguien más grande. Gracias de nuevo.
    Un saludo,
    Yolanda de la Peña

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    1. Gracias Yolanda, suena muy provocativo, lo de buenos y malos, pero justamente por esa osadía me interesó. Yo también estoy (a veces) de acuerdo con lo de que lectores son lectores, pero muchas veces, viendo lo que se lee tanto y de manera tan superficial, y sin ningún afán por ir más allá, me quedo pensando...

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  5. Desde un punto de vista de puro aficionado, no he encontrado otra obra como la de C.S. Lewis sobre la materia. Me ha sorprendido el primer comentario, que critica la obra a partir de la presente reseña sin haberla siquiera leído y presumiendo encima de haber hecho un estudio tremendo, estudio absurdo por otro lado teniendo en cuenta que no se ha leído esta obra de Lewis que, insisto, es de lo mejor que se ha escrito sobre la materia, ¡con diferencia! C.S. Lewis nunca hace afirmaciones categóricas sino que reflexiona pausada y abiertamente sobre un tema tan controvertido como es el lector y su manera de afrontar la actividad lectora.
    Saludos... y a releer esta obra, porque, cuando menos en mi caso, me pide lecturas incontables.

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    1. ¡Gracias Rubén! Muy de acuerdo con lo que opinas. Y ese libro ya lo he marcado para que esté entre mis relecturas anuales... Un saludo

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  6. Solamente pedir disculpas porque un problema con mi navegador me impidió firmar la primera entrada de esta conversación, a pesar de que se anunciaba firmada; hoy reparo la falta y firmo Grassa Toro

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  7. Leyendo tu entrada he recordado un hermoso pequeño y jugoso libro de Gabriel Zaid, LOS DEMASIADOS LIBROS, y del que rescato este pequeño fragmento en el que no incide entre lectores buenos y malos sino en el estado que te deja un libro después de haberlo leído.

    “¿Y para qué leer? ¿Y para qué escribir? Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? Nada. Decir: yo sólo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por ciento. Pero ¿no es quizá eso, exactamente, socráticamente, lo que los muchos libros deberían enseñarnos? Ser ignorantes a sabiendas, con plena aceptación. Dejar de ser ignorantes, para llegar a ser ignorantes inteligentes. [...] Quizá, por eso, la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan.
    ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales.”

    Sitienen algo que decirnos los libros no sé si depende tanto de la buena o mala capacidad lectora como del estado de sensibilidad. ¡Tantas cosas hay que repensar acerca de la lectura!

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    1. Hola Tempero, ¡me encanta ese libro! Zaid es un gran observador, crítico y con mucho tino en sus comentarios. Yo también estoy de acuerdo con él. Mejor haber leído tres libros en tu vida que te han marcado, que cientos. Ahora bien... ¿cómo llegar a esos tres libros? (Supongo que después de haber leído unos cuantos...). Un saludo

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  8. maria cuellar paz21 may. 2018 4:13:00

    Muchas gracias por la recomendación!

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