lunes, 7 de marzo de 2016

Autores sin editores (IV): el caso de Wonder Ponder y cómo unas creadoras montan una editorial exitosa

Conocí uno de los blogs de Ellen Duthie y me fascinó el buen gusto de esta mamá que parecía salir de la nada y los interesantísimos diálogos que entablaba con su hijo después de la lectura de los libros. Diálogos inteligentes, con agudas miradas a lo literario, y con la hermosa sensación de estar sentados en el sofá viendo algo querido y familiar. Luego Ellen fue abriendo más blogs ("¿cómo lo haces?" -recuerdo haberle preguntado-) y mostrando uno de sus centros de interés: la filosofía para niños. A otra de las protagonistas de este proyecto, Daniela Martagón, la conocí cuando estaba recién llegada de México para hacer el máster de libro álbum de iconi: pasamos un año estupendo descubriendo cómo su talento se amplificaba, cómo aprovechaba cada minuto y cada oportunidad para desarrollar de una manera vertiginosa su proyecto como ilustradora.


 
aquí las tres "inconscientes" como las han llamado en la prensa...

Ellen, tú llevas muchos años trabajando filosofía para niños mediante álbumes y, según cuentas, en algún momento te faltó el tema que inspiró la primera caja. ¿Podrías contar a nuestros lectores cómo se inició este proyecto?
Sí, el proyecto se inició concretamente en mi proyecto de filosofía con niños de preescolar, Filosofía a la de tres. En un grupo de alumnos de cuatro años habíamos abordado ya muchos temas distintos a partir de álbumes ilustrados y cuentos: el reparto justo (¿es siempre justo repartir a partes iguales?), la amistad (características indispensables de un buen amigo), ser y parecer (¿cómo podemos saber si nuestros ojos nos dicen la verdad o nos engañan?, ¿qué diferencia hay entre ser bueno y parecer bueno?...), mandar (¿quién debe mandar y por qué?), y muchos temas más.
Pero llevaba tiempo queriendo explorar con ellos el tema de la crueldad. Los niños de esta edad tienen experiencia como agresores, como víctimas y como testigos de actos de crueldad. Además, les empieza a preocupar cómo deben juzgar cada acto. ¿Qué es cruel? ¿Y qué no lo es tanto? ¿Qué tipos de crueldad son peores? ¿Qué es peor, una persona cruel o un animal cruel? ¿Por qué? ¿Podemos ser crueles sin darnos cuenta? Pero no encontraba un único álbum o cuento que nos permitiera explorar distintos aspectos de la crueldad y desde distintas perspectivas.
Cuando imaginaba el material ideal que querría para iniciar esa exploración en las sesiones de filosofía con los niños, me venían a la mente una serie de escenas de crueldad, que mostraran distintos tipos de crueldad, diversos agentes crueles, distintas situaciones de crueldad. Fui escribiendo una lista de estas escenas que me imaginaba, y acabé con unas 12 escenas, algunas de ellas bastante detalladas desde el punto de vista visual y otras poco más que bosquejadas. 
Cuando se las comenté a Daniela, se le iluminaron los ojos. Le interesó el tema y el reto de incorporar en una imagen una provocación para preguntar y reflexionar. Se entusiasmó tanto que las hizo todas de una sentada y me las trajo a la mañana siguiente. Cuando las utilicé con el grupo y comprobé la inmediatez del enganche y la eficacia en la provocación de las preguntas y la reflexión, entendí que habíamos creado algo valioso.


De ahí a hacer un material propio es un gran salto, ¿cómo se da la creación de la primera caja? Y, sobre todo, dado que Ellen estaba utilizando libros ¿por qué no crear un libro?
La decisión de llevarlo más allá del proyecto concreto de Filosofía a la de tres y publicarlo la tomamos prácticamente nada más mirarnos Daniela y yo cuando me entregó esas primeras escenas para llevar al aula.
La incorporación de Raquel como editora fue decisiva para dar forma al proyecto y estructurar la organización de la editorial.
Desde el principio, cuando pensaba en cómo me gustaría abordar el tema de crueldad, no pensaba en un libro. Para poder provocar una participación activa de los niños en la construcción de su mapa de crueldad, por el cual pudieran ir desarrollando una definición más sutil de la crueldad y un juicio más complejo acerca de los actos que les rodean, era esencial poder comparar, contrastar, medir y valorar distintas situaciones. Un cuento o álbum necesariamente presenta un solo caso, donde quizás haya dos o un máximo de tres perspectivas que interrelacionar. Pero el mapa que buscaba necesitaba tener muchas más piezas. Hubiera necesitado no un álbum, sino catorce.
En cualquier caso, es cierto que una vez que tuvimos esas escenas, podríamos haber optado por presentarlas en formato de libro tradicional. Pero para comparar y contrastar es fantástico poder ordenar, desordenar, seleccionar y volver a barajar. Para nosotras, la decisión de que el material estuviera suelto tiene mucho que ver con la participación activa de los niños. La forma en que se abre una caja no tiene nada que ver con la forma en que se abre un libro cosido. Cuando abres una caja quieres sacar el contenido. El contenido suelto te permite extenderlo y mirarlo todo en su conjunto (cosa que un libro en formato tradicional no te permite). Las hojas sueltas te animan a cogerlas, a darles la vuelta, a manipularlas. Esta implicación física tiene un efecto interesante sobre la implicación mental. Esto lo intuíamos cuando lo creamos y lo comprobamos repetidamente en todos los talleres que hacemos con niños.
Otra razón fundamental por usar el formato caja y las páginas sueltas era porque queríamos transmitir en el propio diseño del formato la idea de que las preguntas filosóficas son preguntas que no se cierran definitivamente. Son preguntas sobre las que podemos pensar una y otra vez durante toda nuestra vida. Y el mapa filosófico de la caja es solo un punto de partida: podremos ir añadiendo todas las escenas que surjan de nuestro proceso de reflexión y así ir ampliando nuestro mapa.





Daniela: Cuáles fueron tus retos como ilustradora para poner en imágenes y en el formato que decidisteis el primer material de Ellen?
Dar con el tono y el contenido exacto para poder wonderponderear a gusto -o por lo menos hacer todo lo posible para conseguirlo- es el reto más grande. Creo que este proyecto no podría funcionar como lo ha hecho sin una meditada y trabajada estrategia de comunicación. Tal vez parezca evidente, pero creo que a menudo se olvida que la legibilidad, la claridad y la pertinencia deben estar por encima de todo. Ahí está el meollo, porque a menudo claridad y duda no parecen poder conciliarse en un mismo objeto, y ¡ese es precisamente nuestro objetivo! ¿Cómo creas una estructura que es cálida, accesible, directa, cuidadosa y a la vez provocadora-desveladora de verdaderas incertidumbres?

Nuestra idea es partir desde la pregunta para llegar a construir juntos, mediante diálogo, una nueva pregunta aún mejor. Por mi parte, puedo decir que la controversia y el humor son, en conjunto, la estrategia más eficaz que conozco como comunicadora para sembrar la duda y descolocar a los lectores. Viene bien para hacer visibles, de forma inmediata y visceral, nuestros primeros y más inevitables juicios y teorías. Estos son materiales de primera calidad para comenzar la reflexión, pero también conllevan un riesgo grande: es complicado no querer buscarles un camino rápido e indoloro hacia la moraleja y el mensaje y así deshacerse de la incomodidad de haberlos pensado. O sea que no hay que pasarse, o pasarse lo justo. Un sólo gesto de un personaje, una palabra de más o mal elegida, hasta la más pequeña cosa puede cargarse entera la escena ahuyentando innecesariamente al lector. ¿Qué tiene que estar definitivamente en la escena y qué no? Los límites entre mostrar, sugerir y explicar son muy difusos. Endulzar algunas cosas tampoco ayuda. Una buena pregunta en medio de muchos adornos y metáforas puede ahogarse o evaporarse con muchísima facilidad.

Ese es el trabajo, y por suerte es un trabajo que no hago sola porque si así fuera habría perecido en el intento hace mucho. No hay quien tenga en cuenta tantas cosas en su propia cabeza. En ese sentido, aunque yo me presente como la ilustradora, Ellen como la filósofa y Raquel como la editora, la realidad es bastante más compleja y difusa. Todo (soporte-ilustración-diseño-maquetación texto) se construye y entreteje en conjunto. No funcionamos como una cadena de montaje lineal. O sea que todas nos metemos en todo y nos readaptamos constantemente para hacer los cambios necesarios en función del objetivo: que el libro funcione. Creo que nuestro trabajo tiene mucho de laboratorio científico. Se trabaja a base de ensayo y error y se corroboran todas las partes probándolas con otros ojos aparte de los nuestros: niños, escritores, maestros, editores, padres, diseñadores, científicos, filósofos y curiosos en general. Es muy bonito y emocionante, y también es un reto cotidiano funcionar desde esta perspectiva de sociedad autoril. En Wonder Ponder mi trabajo es llevar a buen puerto este ensamblaje de trabajo compartido y traducirlo en el producto visible final.





Aunque nuestra sección es “autores sin editores” me gustaría que contarais el porqué de la decisión de crear una editorial propia en lugar de llevar el proyecto a alguna editorial (¿o fue presentado a editoriales?)
No presentamos el proyecto a ninguna editorial. No nos interesaba tanto conseguir editor como hacer el proyecto que queríamos con la mayor calidad posible y de la forma que pensábamos que se debía hacer. Era importante tener libertad total, sin tener en cuenta consideraciones de mercado que afectaran al contenido o al formato.
Lo que sí hicimos fue preparar una maqueta e irnos con ella a la Feria de Bolonia para hablar con todo tipo de agentes dentro de la industrial editorial. Hablamos con editores españoles, latinoamericanos, japoneses. Hablamos con libreros, con mediadores, con distribuidores, con autores e ilustradores tanto españoles como de otros países. Recordarás que también te lo enseñamos a ti. La idea con la que íbamos era la de escuchar, tomar nota y luego evaluar. Sabíamos que nuestra idea era buena y que estaba bien ejecutada; todo el mundo con quien hablamos nos lo confirmó. Escuchamos muchos consejos de muchas personas para ver la reacción y las opiniones del sector. Nos dieron muchos consejos: “la caja va a ser complicada, comercialmente”, “los libreros no lo van a entender”, “¿realmente sentís que es necesario empezar con el tema de la crueldad?”, “hace falta unas instrucciones para mediadores, porque así, tan libre, da casi miedo”. Pero el consejo de varios agentes a los que respetábamos se resumió en: “Qué proyecto tan fantástico pero hacéis bien en sacarlo vosotras mismas porque así, tal cual, no os lo publicaría nadie”. Realmente íbamos para confirmar nuestra decisión de editarlo por nuestra cuenta.
La razón por la optamos por crear una editorial en lugar de una financiación por micromecenazgo, por ejemplo, es que Filosofía visual para niños de Wonder Ponder es una serie de seis títulos y además no es nuestro único proyecto editorial, por lo que financiar solamente uno no era nuestro objetivo. Apostamos por crear Traje de lobo, SL (la editorial propiamente dicha) como plataforma para éste y otros posibles proyectos editoriales.




Raquel: como editora, ¿cuál es exactamente tu trabajo en este proyecto? Muchos de los libros autoeditados suelen ir sin editores profesionales. ¿En qué medida te parece que es necesaria la figura de un editor en estos proyectos?
Mi trabajo en Wonder Ponder, por un lado, es similar al de otras editoriales en las que he trabajado: edición de mesa (corrección de textos, revisión de imágenes), planificación editorial, producción, tareas comerciales y de apoyo a la distribución, trabajo con la prensa (y envío de ejemplares, que es una parte poco glamurosa pero fundamental), administración y contabilidad, etcétera.
Pero por otro lado difiere porque mis socias, Ellen y Daniela, son a la vez autoras y editoras. Esto significa que el trabajo de edición de los libros se produce paralelamente al trabajo de creación, lo que permite un intercambio muy rico, continuado e inmediato entre las tres. En ese sentido, la forma de trabajar es diferente a recibir las ilustraciones o los textos en el email, revisarlos y responder al autor, o tener una reunión de vez en cuando. Nosotras trabajamos literalmente rodeadas por las ilustraciones y los textos (los tenemos colgados en las paredes cuando estamos preparando un libro). Esto, como editora, me permite implicarme y participar en el curso de los libros con mucha libertad y perspectiva. Y, desde un punto de vista personal, vivir tan de cerca el proceso de creación es apasionante.  
¿Y qué puede aportar un editor a este tipo de proyectos? Creo que no hay mucha diferencia respecto a lo que aporta un editor en general. Un editor profesional puede aportar conocimientos y experiencia, contactos (con imprentas de confianza, por ejemplo) y, también, tiempo. Crear libros es un trabajo muy absorbente, y cuando se toma la decisión de llevar a cabo un proyecto que tenga continuidad a largo plazo, que dé cabida a más libros, tanto propios como ajenos, hay que construir un marco estable: crear una empresa, establecer una red comercial sólida, buscar financiación (presentarse a subvenciones, por ejemplo), llevar las cuentas y proyecciones económicas. No es que un autor solo no pueda aprender a hacer todo esto, no se trata de mecánica cuántica, pero desde luego es laborioso y requiere tiempo y energía.


Me gustaría preguntaros por la edición: tiempo tardado en tener la idea finalizada, y también la inversión que fue requerida.
Desde que Ellen llevó aquellas primeras escenas que dibujó Daniela al aula y que serían la base para el primer título, hasta la fecha de lanzamiento, pasó casi exactamente un año. Un año intenso de mucho, mucho trabajo, de muchas, muchas pruebas de contenido, de formato, con niños, con adultos. Y un año de una inversión de tiempo tremenda. Económicamente, las tres financiamos la publicación a partes iguales. Fueron poco más de 2000 euros cada una. Si a esto añadimos la constitución de la empresa, la inversión de montar la editorial y editar el primer título ascendió a unos 11.000 euros en total.
Claro que todo esto, sin pagarnos a nosotras mismas nada para empezar. Optamos por renunciar a derechos en la primera tirada de Mundo cruel y de la versión inglesa (Cruelty Bites) y reinvertirlo todo en la impresión del segundo título. Finalmente conseguimos recuperar el dinero, editar el segundo título y reimprimir el primero. Ahora estamos preparando el tercero y tenemos fondos para hacerlo sin tener que poner nada más por nuestra parte. La venta de derechos a Corea del Sur y a Argentina ha ayudado en este sentido, así como los talleres que hacemos con niños y de formación para adultos en diálogo filosófico en el aula.


¿Cuáles fueron las primeras dificultades en cuanto a editar e imprimir esta caja? (me refiero a imprimir, crear la caja…)
Encontrar un fabricante de cajas. Sin exagerar, nos llevó meses dar con un fabricante que nos gustara y que encajara con nuestro presupuesto.

¿Os planteasteis desde el principio tener un distribuidor? ¿Cómo se calculan los costos/gastos/beneficios en este caso?
Desde un principio quisimos tener un distribuidor. Llevar nosotras solas la distribución en un proyecto con voluntad de continuar a medio plazo era impensable. La labor comercial, logística y administrativa que requiere hace que sus costes (que suelen ser de entre el 45 y el 50 por ciento de las ventas en librerías) estén más que justificados. Dicho de otra forma: sin distribuidor no hubiéramos podido llegar a estar en tantos puntos de venta como estamos ahora mismo, ni a agotar las primeras tiradas de Mundo cruel y Yo, persona. 
Otra cosa diferente es el modelo de distribución que se escoja. Nosotras tenemos un distribuidor pequeño, con el que colaboramos muy estrechamente, y que nos permite conocer de cerca cómo funcionan nuestros títulos.



¿Y sobre prensa y promoción? Veo que la serie está teniendo muchas reseñas muy entusiastas. ¿Cuál ha sido vuestra estrategia? ¿Tenéis un porcentaje de la edición que se manda a prensa/blogs, etc.? ¿Cómo se organiza esta parte? ¿Qué estrategias podéis recomendar a otros que estén en vuestra situación?
Dedicamos más del 10% de la tirada de Mundo cruel a los ejemplares de cortesía. Y no fueron solo para la prensa, también para las personas a las que pensábamos que le iba a gustar o interesar y que podían darnos un buen feedback. Decidimos hacerlo así, nuevamente, porque pensábamos en el medio y largo plazo. Nos interesaba más en ese momento dar a conocer el proyecto que el dinero que pudiéramos obtener de esos ejemplares. Tal vez esto es distinto para un autor que se autoedita un único libro y quiere amortizarlo al máximo, pero en nuestro caso la estrategia funcionó.
Aparte de esto, invertimos un tiempo importante en la comunicación en redes sociales: manteniendo activo el blog, subiendo contenidos interesantes y compartibles, compartiendo nuestro proceso de trabajo, transmitiendo nuestro entusiasmo por nuestro trabajo para ilusionar también a nuestros seguidores en las redes sociales. Mucha gente llega a nosotros a través de estos medios: maestros, profesores, personas del mundo de la práctica de la filosofía con niños, adultos y niños curiosos. Invertimos un tiempo considerable, pero si se hace bien, vale la pena y puede ser una parte esencial de la estrategia de comunicación y promoción.



También tenéis un agente que ya ha vendido el proyecto en otros países ¿cómo ha sido esta experiencia?
Desde el principio tuvimos claro que queríamos que Wonder Ponder fuera un proyecto internacional (o internacionalizable). Por un lado, la filosofía para niños es un tema bastante especializado, pero que se encuentra en muchos países. Por otro lado, nuestro ritmo de publicación lento, que en cierta medida se adapta más a las necesidades de los contenidos que a las del mercado, hace que no pudiéramos esperar que las ventas en librerías en España fueran nuestra única fuente de ingresos. Y Claudia Bernaldo de Quirós, quien también se sumó al proyecto por entusiasmo, nos ha acompañado, aconsejado y apoyado a lo largo de todo el camino, y nos ha ayudado a posicionarnos internacionalmente, además de vender los derechos a Corea del Sur y a Argentina. Definitivamente es una suerte contar con ella.

¿Qué ha sido lo más gratificante de este proyecto?
La forma en que personas de todo tipo y de todos los sectores se hayan ilusionado tanto con el proyecto que lo han recomendado con entusiasmo y profusión y hasta se han vuelto abanderados de nuestros libros, sin nosotras pedirlo ni esperarlo. Hemos vivido momentos que tocan de una forma especial.


El admirado Tomi Ungerer admirando Wonder Ponder


¿Y lo más decepcionante? (o desgastante)
Fíjate que cuesta hablar de decepción, ni siquiera de desgaste. La experiencia ha sido muy satisfactoria en general.
Hemos trabajado mucho, cierto. Creemos que lo que hacemos es interesante, novedoso y está bien hecho, con cariño, pasión y rigor. Pero estos ingredientes no siempre garantizan que todo vaya sobre ruedas. Y en nuestro caso, creemos que hemos sido muy afortunadas y eso lo tenemos muy presente. No podríamos haber imaginado que esto marchara mejor. En el año y tres meses que han pasado desde nuestro lanzamiento, ha habido infinitamente más satisfacción que decepción o desgaste.
Hay espinitas, eso sí. Por ejemplo, es maravilloso que hayamos vendido derechos a Corea del Sur y a Argentina, pero en ambos casos y por motivos diferentes (a las bibliotecas no les gusta el material suelto, que se puede perder, y los pedidos institucionales también suelen poner como condición que esté todo cosido), se ha negociado un cambio de formato: lo han editado como libro “tradicional”. Estamos muy contentas con cómo ha quedado finalmente, pero siguen gustándonos mucho nuestras cajitas.
Otra dificultad, por llamarlo de alguna manera (aunque no es decepción porque sabíamos en qué nos metíamos ni desgaste porque si hubiera llegado a ese punto no estaríamos aquí contestando a este cuestionario) es ver que aunque todo vaya viento en popa, aún nos queda un buen tramo por recorrer para que esto sea rentable con “r” mayúscula. Pero tenemos muy, muy claro que el camino es poco a poco, sin prisas y con cariño. Y tenemos muy presente que no queremos editar por editar. Queremos hacerlo todo lo bien que somos capaces de hacerlo, y disfrutándolo. Eso lleva tiempo y mucha dedicación.  



Ahora que tenéis dos títulos, ¿os planteáis hacer un catálogo con títulos que no sean los vuestros? ¿Cuáles son los retos y perspectivas de hacer un catálogo de filosofía para niños?
Justo después de este tercer título que saldrá el mayo, queremos tomarnos unos meses para sacar todo el provecho posible de lo que llevamos hecho: centrar nuestra atención en venta de derechos y dedicar tiempo a otros proyectos dentro de Wonder Ponder que queremos arrancar también. No descartamos hacer otras series, aparte de esta de Filosofía visual para niños, y no descartamos comprar derechos extranjeros también. Eso nos quitaría la presión de tener que producir todo nosotras y ampliaría nuestro catálogo en el mercado. Pero no lo tenemos del todo pensado. Todo esto iremos analizándolo y valorándolo en los próximos meses. Ahora estamos inmersas en el trabajo de producción y preparando también la Feria del Libro de Londres, a la que asistiremos este año (nuestra querida agente Claudia Bernaldo de Quirós ya se ocupa de Bolonia). Pasado mayo, levantaremos la vista y analizaremos y planificaremos.


Ahora los datos:
Tiradas medias: 1000 ejemplares
Idiomas publicados: Inglés, castellano.
Inversión realizada: la inversión inicial, al margen de la creación de la empresa, fue de 7000 euros para pagar la impresión de Mundo cruel y de la versión en inglés, Cruelty Bites. La impresión de Yo, persona y la reimpresión de Mundo cruel, como hemos explicado antes, la pagamos con las ventas de la primera.

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