¡Pero qué bestias! Cuatro libros llenos de animales

Adrienne Barman
Los animales han fascinado siempre al ser humano. Los ha dibujado sin verlos, los ha domesticado, ha creado sensacionales leyendas en torno a ellos, y sus vínculos todavía hoy desvelan una seducción que conecta al hombre con lo más profundo de la naturaleza. Por no hablar de las historias de niños criados junto a ellos. Si miramos la literatura infantil, parece un arca de Noé: hay animales por todas partes. Recordemos a Freud hablando de este asunto y diciendo que el niño es, en el fondo, como un animalito. Encontrar animales en los cuentos sería entonces una manera de servirse de ellos para entender su propia naturaleza. Pero no nos pongamos serios. A mí no me interesa tanto Mickey como los animales de verdad. Los libros que cuentan cosas de los animales. Esos a los que los niños acuden para conocerlos mejor, para que las ficciones de conejos vestidos y gatos que hablan no les separen de su auténtico objetivo.Y ahora viene la pregunta: ¿se puede hacer un libro más para niños sobre animales? Quiero decir, ¿se puede hacer un libro interesante y original? 

Y la respuesta, para mi sorpresa, es SI. Se puede, gracias a la fantástica imaginación de escritores e ilustradores. Aquí van cuatro libros para disfrutar a lo bestia


Inventario ilustrado de animales, de Virginie Aladjidi y Emmanuelle Tchoukriel publicado por Faktoria K de Libros, es un peculiar libro que nos lleva a tiempos pasados. Tchoukriel está formada en ilustración médica y científica, influencia clarísima en su trabajo que homenajea a aquellos naturalistas de siglos pasados cuando no tenían más que papel y colores para dejar constancia de sus hallazgos. De esta manera el libro está presentado como un conjunto de láminas encuadradas con detallistas ilustraciones que nos hacen reconocer los detalles y contemplar la armonía y belleza de las estilizadas formas animales. En este volumen se ha hecho una organización según el medio ambiente en que viven y los animales han sido agrupados por semejanzas. En algunas láminas aparece un único animal y en otras se agrupan otros cuantos. Cien animales para los que la ilustradora ha utilizado, a la manera de los antiguos, tinta china y acuarela.

Es siempre inesperado cómo un libro nos puede sustraer de la realidad con maneras sencillas. Contemplar estas imágenes que, aparentemente no son espectaculares, nos hace viajar en el tiempo y sentirnos como si fuéramos testigos de un momento pasado. Miramos a los elegantes pingüinos. El búho ártico a su vez nos observa, contemplamos el suave y blanco zorro, la grandeza de la ballena. Admiramos el detalle de la medusa, y la majestuosidad del tigre. Uno de mis favoritos es la libélula, dibujada como un broche sujeto a una rama, y el vivo verde del camaleón nos hace buscar en qué bosque nos hemos adentrado. Hay unos textos, breves, de Virginie Aladjidi traducidos por Pedro A. Almeida, que apenas nombran el animal, la familia a la que pertenece y algunas curiosidades, pero dan el dato preciso. La lámina queda así, perfecta. Y qué suerte que tenemos más libros de esta ilustradora: El inventario de los mares, el de los árboles y el de los animales con cola. En la página de la editorial se encuentra información de todos ellos y algunas páginas para curiosear por el interior.


El segundo libro es para lectores de largo aliento, pero el grupo de animales de los que habla da muchas ganas de leerlo. El libro de los animales misteriosos de Lothar Frenz (Siruela, en nueva edición para la colección Nos Gusta Saber), y una dinámica traducción de Rosa Pilar Blanco. Frenz es, además de biólogo, empedernido aventurero y amante de las expediciones. Representa a ese típico científico en busca del eslabón perdido, tenaz en el empeño de encontrar aquel animal que la ciencia conoce pero nunca ha sido visto. Aunque no nos lo parezca aún hay mucho por descubrir en este mundo que hoy empieza y termina con google.  Todavía algunos investigadores llegan a lugares donde escuchan viejas leyendas de animales escondidos en la selva o en el fondo del mar y se proponen descubrirlos. Esto es lo que se llama criptozoología. Y así, cada vez que la ciencia dice que no hay nada más por descubrir, aparecen rinocerontes blancos, tapires de la India, koalas y ornitorrincos. Un zoólogo belga creó una lista, llamada sistemática, con más de cien de esas especies que todavía no se han visto: perezosos gigantes, el bunyip australiano, el oso nandi de Kenia, el yeti del Himalaya.
Muchas veces, estos investigadores viajan a lugares donde se escuchan leyendas y relatos, recogiendo huellas, huesos, dientes y cualquier resto que les permita demostrar que alguno de estos animales existen.  En un esclarecedor prólogo donde Frenz explica que los criptozólogos no son unos "locos que ven ovnis" reclama que la sorpresa, la curiosidad y hasta la confusión también han funcionado en el progreso del conocimiento. Sus relatos de pulpos devoradores, canguros de los árboles, dinos con plumas, serpientes marinas o lagartos gigantes están llenos de anécdotas, de historia, de preguntas y datos sabiamente repartidos para que no decaiga el interés. Y es que, como él mismo dice: "Quien sigue la pista de animales misteriosos, desconocidos, experimenta la ciencia y los cuentos modernos al mismo tiempo y satisface el irresistible afán del ser humano por las historias".

Nuestra tercera recomendación se centra en esos encantadores animales de compañía que son los perros. ¡Si los perros supieran hablar! de Henning Wiesner (Edaf) incluye muchas curiosidades sobre este animal que acompaña al hombre desde que el hombre mismo existe. Wiesner  ha publicado en esta editorial un libro estupendo: El gran libro de los animales contado por un director de zoológico donde ya le acompañaba el increíble ilustrador Günter Mattei. Aunque en este libro de perros Mattei no puede lucirse tanto, el conjunto resulta de lo más sugerente pues Wiesner pone a dialogar, en tardes aburridas, a la vieja san bernardo Olga y al ex- hippie y divertido podenco Maxi. Así, día tras día, van contándose cosas de viejos amigos: cómo se convirtieron en domésticos, por qué se interesan por los excrementos, cómo son educados, lo que significan los nombres de sus razas o qué pasaría si pudieran formular deseos. La perspectiva ficcional de dos perros hablando es perfecta para articular mucha información en 18 capítulos y proponer una lectura ligera llena de momentos con gracia y datos sorprendentes. La traducción de Alicia Valero es estupenda: parece que los perros estén frente a una chimenea en cualquier casa española.


La cuarta y última recomendación es un asombroso libro ilustrado: Bestiario de Adrienne Barman (Libros del Zorro Rojo). Ya sabemos que el libro ha arrasado porque lo hemos visto volar en ferias y librerías. Y claro, ¡cómo resistirse a un libro gordo y precioso lleno de promesas! ¡Y, además, con poquita letra! Ah, pero a ver, mirando el índice, ¡hay más de doscientos animales! Esto es una auténtica enciclopedia para los más pequeños y en la cubierta ya varios animales nos echan guiños ¿Será, además, divertido?. Entonces miro la edición original y descubro que se titula Drôle d´Encyclopedie, lo que ya adelanta rarezas y curiosidades, esas cosas que nos encantan a los niños, aburridos de ver al dinosaurio siempre con la boca abierta o corriendo como un tonto por el paisaje prehistórico. Así que sí, aquí hay mucha diversión y también bastante seriedad porque la ilustradora suiza Barman ha organizado a todos los animales por categorías, como hacen los buenos científicos. Claro que, como es creativa, ha elegido las categorías que le han parecido más interesantes. Por ejemplo, Los ruidosos, los "malditos", los rosa chicle, los grandes seductores, los viajeros o los campeones de la apnea, entre muchos otros.



Si, a mí esta página me dejó con la boca abierta. Y muchas más, los lagrimeantes animales amenazados, los ansiosos cazadores (no falta un zorro rojo, claro), los orejas grandes que apenas ellos mismos pueden ver, los tiesos majestuosos, los brillantes rojo tomate, o los saltadores que apenas muestran sus patas. Un trabajo que se adivina titánico (3 años, 600 animales traducidos al español por el científico Carlos Prada), un uso del color y del diseño fantásticos, un humor desbocado. Una mirada, en definitiva, al mundo de los niños y su percepción llena de fantasía sobre el mundo animal. ¡Bestial!


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