Sobre ositos de peluche, recuerdos infantiles y una película

Un día, trasteando por la red en busca de inspiración para un proyecto sobre fotografía y libros para niños, apareció un singular libro. Enseguida lo pedí y, a los días, lo recibí con mucha alegría. No es un libro para niños, pero sí un libro que tiene mucho que ver con la infancia y con un personaje que ha acompañado a los niños desde hace mucho tiempo: los osos de peluche. Con este libro y el estreno de la película Paddington, me puse a pensar sobre el gran tema de los ositos infantiles y los libros para niños. No es un invento viejo, el de estos animales rellenos. La historia de Teddy Bear (Oso Teddy) viene de principios del siglo XX cuando Theodore Roosevelt se negó a disparar a un oso durante una cacería preparada para él.

El primer oso de peluche que apareció en un libro para niños fue el Osito Pooh (o Puh, o Puff como se le ha traducido en diferentes ocasiones). Alan Alexander Milne (1882-1956) compró en 1921 en la tienda Harrod´s un pequeño oso para su hijo Christopher. Milne ya había escrito un par de libros de poesía para niños y, cuando le encargaron escribir un cuento se puso a mirar a su hijo jugando con el oso y los inmortalizó en Winnie the Pooh que publicó en 1926 con un grandísimo éxito al que contribuyó la cuidada elección de Ernest H. Shepard como ilustrador.

El libro tuvo un éxito fenomenal: en aquella época estaban de moda los ositos de peluche y la industria de consumo necesitaba modelos en que inspirarse: juegos de té, calendarios, postales de navidad y juguetes, se repitieron por todos los rincones. La entrega de Milne al mundo comercial fue plena y, de hecho, su hijo se vio expuesto a las miradas de millones de lectores y consumidores (más adelante se desquitaría en sus memorias, pero esta es otra historia).

Desde entonces, los ositos de todo tipo han habitado los cuentos para niños. Otro de ellos, aunque no de peluche sino real, fue el que ahora se presenta en una película, Un oso llamado Paddington de Michael Bond, publicado en 1960, donde un oso criado en Perú llega a Londres para instalarse pero no encuentra más que problemas hasta que la famila Brown lo adopta. Otros ositos de peluche protagonistas de cuentos que me gustan mucho son los de David McKee Odio a mi osito de peluche y El principe Pedro y el osito de peluche; por supuesto, toda la serie de Osito de Else Holmelund Minarik; y el de Martin Waddell ¿No duermes osito?.
Quizá una de las escenas más desgarradoras en los libros para niños y los ositos aparezca en Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, cuando el protagonista, Max, en su arrebato de furia ha decidido colgar ese dulce objeto que probablemente le haya acompañado durante años y del que esta dispuesto a desprenderse de una manera cruel.

Pero ¿se acuerdan de ese cuento, Peluche, de Shirley Hughes, donde un niño pierde a su osito para encontrarlo en un mercadillo de la escuela? ¿Y lo que el niño hace para recuperar a su adorado muñeco?
Pues aquí quería llegar con la historia del descubrimiento de mi libro por la red. El libro se llama A story of bears y lo ha escrito y preparado la fotógrafa francesa Sylvie Huet. Sylvie, según nos cuenta ella misma, estaba un día,ya con 49 años, paseando por un mercadillo cuando vio un osito de peluche exactamente igual al que había tenido de niña. Sin dudarlo, pagó lo que le pidieron y corrió a su casa familiar en busca de fotos antiguas. Con este regreso a su infancia comenzó un proyecto en un blog para recopilar historias de personas relacionadas con ositos que tuvieran entre 40 y 99 años (los ositos, no las personas). Y el resultado es este maravilloso libro lleno de testimonios de gente, sobre la importancia en su infancia de este compañero silencioso.
Cada breve recuerdo está acompañado de la foto del osito: la mayoría con el paso del tiempo visiblemente reflejado, tiempo que la hermosa fotografía -pues en realidad se trata de un proyecto fotográfico- no trata de embellecer.

Las treinta historias de este volumen presentan diferentes infancias donde el osito fue algo más que un simple juguete: muchos lo conservaron durante años, otros los reencontraron por casualidad en los desvanes familiares, otros tuvieron dificultad para desprenderse de ellos cuando la fotógrafa se los pidió para el retrato. El amor incondicional de muchos de ellos queda reflejado en conmovedoras historias como la de Berthe, que se hizo incinerar con su osito, o la de Kitty cuando dice: "El único al que le contaba todo sobre mi vida. Es mi sombra, mi reflejo".


Aunque Syvie Huet no tiene intención de buscar famosos, por su trabajo como fotógrafa, y probablemente por sus contactos, y hablar obsesivamente de este proyecto a cuantos se le acercaban, el libro presenta algunos ositos especialmente singulares. Como el -según dice su dueño- "travestido" osito de Jean Paul Gaultier a quien sus padres le negaron siempre una muñeca y usó este peluche para maquillarlo a su modo y tratarlo como "su primer modelo". Guardado como un fetiche, el diseñador prohibió que, en la sesión fotográfica, más de una persona tocara su muñeco.


Hay otros muy singulares, como el oso-mono de Jane Goodall. Es conocida la historia de este muñeco porque la propia Goodall siempre habló de él como su inspiración para sus estudios posteriores. Pero mi historia favorita, claro, es la que se refiere a Tomi Ungerer. Ungerer encontró, también, en un mercadillo, un oso tan parecido al de su infancia que lo compró. 
Ese osito, que hoy en día se encuentra en su museo en Estrasburgo, le inspiró el cuento con el que recuerda un pedazo de la historia europea: Otto autobiografía de un osito de peluche

En fin. Casualidades, encuentros. Unos hallan los ositos de peluche de su infancia, otros, nos tropezamos con libros que nos llevan a otros libros, y a repensar que este mundo de libros para niños está lleno de complicidades.

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