martes, 14 de octubre de 2014

Humor, ironía, dulce y picante: Cartas escritas con plumas y pelos, de Philippe Lechermeier (Pípala)

¿Estás buscando algún libro para leer en voz alta? ¿Alguno que, de verdad, desate carcajadas entre el público? O, al menos, ¿que produzca la sensación de que algo divertido está pasando aunque no se pille muy bien? Pues te presentamos este libro que te va a salvar varias sesiones de lectura y va a generar interesantes debates. El libro es Cartas escritas con plumas y pelos, de Philippe Lechermeier e ilustrado por Delphine Perret en la editorial Pípala, con traducción de Mariano García.
Y sí, son cartas. Ahora que el género epistolar ha pasado a la historia, se puede hacer una buena ficción con él.
Confieso que al principio no tuve muchas ganas de leer un libro del autor de Princesas Olvidadas o desconocidas (Edelvives) y toda la "paquetería comercial" que generó (cuadernos, cajas, etc.) , o Hilo de hada, aunque recordé pronto que El diario secreto de Pulgarcito me pareció un libro de lo más sugerente aunque ciertamente difícil para niños. Y, bueno, estas cartas me acompañaron un vuelo donde ya no tenía más lectura y... ¡qué gran sorpresa!

Sí, gran sorpresa. Pero déjame contarte de qué van estas cartas inspiradas en toda la tradición fabulística que ha acompañado a la infancia desde sus orígenes (Esopo, La Fontaine, pero también esos tantos libros de aspec
to moderno que enseñan valores). Lechermeier da una vuelta de tuerca al tema con mucho humor y alegría. En la primera, un zorro en su cueva de soltero, escribe a la gallina: "hagamos las paces" dice nada más comenzar, para ir directo a su objetivo: "he podido contemplar a su hija, una deliciosa pollita regordeta que tomaría de buena gana como esposa". La correspondencia sigue, de forma unilateral y llena de insistencia mientras la gallina y el gallo -por lo que intuimos- están discutiendo el tema. "Mi última esperanza es convencer a su marido. ¿Si viniera con él a visitar mi madriguera?". Y así continúa en pos de su objetivo que, como los lectores adivinan pronto, consiste en tener alimento casi en delivery.
En la siguiente carta, la hormiga escribe a la reina. "Si le escribo es porque me aburro, para decirlo de una manera educada". Y lo que, cortésmente solicita, es un ligero cambio. El cambio, "un poco fulero" porque le destinan al basurero, no le convence demasiado y sigue insistiendo en que cruzarse todos los días con el compañero número 7.778 o el 1126 no tiene mucho encanto. En vista de que las cosas no mejoran toma una gran decisión, de esas que ahora los libros de autoayuda y economía llaman "matar a la vaca". 

Las cartas del caracol a la babosa no son menos interesantes y, por cierto, es una de las correspondencias más largas, como debe ser en una buena historia de amor. El caracol ha visto una bella babosa en un catálogo y no duda en ponerse un año entero en ruta para encontrarla, alimentado por la respuesta positiva de ella.  ¿La encontrará en el punto de Paris donde han quedado?

La carta indignada del Cerdito de Indias queriendo cambiar su nombre está llena de furia y humor. Escribe a un académico de la Academia de Letras para preguntarte por qué le ha puesto ese nombre, "si ni siquiera soy sucio". Para conseguir su objetivo no duda en chantajear a ese académico anunciando su verdadero nombre (Felipe O. Loroso). Y qué más da si de repente hay un montón de animales que quieren cambiar su nombre, a fin de cuentas él es el Presidente de la Asociación de Mal Nombrados y luchará por la causa de todos. 

Por último está la carta del cuervo a los zorros.  El cuervo es un quejica y soplón, además de un cotilla, y se dedica a delatar a todos sus vecinos sin ningún pudor. "Yo, que hago todo esto por el bien de la colectividad, que lucho por un bosque más limpio, por un hábitat más decente". Qué lástima que no sea comprendido...

El conjunto de estas cartas resulta un momento único, como escribe el zorro "en la historia de la animalidad" y yo escribiría, en la historia de la reflexión sobre eso que se llama "valores", tan explotados en los libros para niños, pues si hay algo a lo que se le da la vuelta con ironía y acidez es con muchas de las cosas que nos hacen buenas personas, supuestamente. El zorro no tienen problema en mentir y en seducir para conseguir su objetivo. La hormiga pasa de un trabajo aburrido y mecánico y se da a la fuga para una vida más contemplativa. El deseo de una vida diferente, como expresa el Cerdito de Indias y tantos otros que se sienten maltratados por su nombre (¡el perezoso!) le lleva a usar lo que ahora se llama coacción. El inteligente juego de los dobles sentidos y la ironía que plantea el autor con estas pequeñas bestias, una sátira que aflora con discrección para jugar con una posible doble lectura, y el uso de la carta como un medio lleno de posibilidades de expresión, hacen que este librito sea muy muy recomendable. El ejercicio lector que se plantea, donde hay que adivinar a través del discurso la correspondencia de los demás, es también otro de los encantos de este libro donde abundan las malas interpretaciones, reclamos, sugerencias y expectativas de futuro. 


Un último apunte sobre las ilustraciones. A Delphine Perret ya la conocimos con sus divertidas creaciones de Yo, el lobo y las galletas (Kókinos), y aquí se muestra como una encantada acompañante de dibujos minimalistas que añade detalles y complementa con humor lo que el texto ni siquiera dice. 

Un libro para leer en voz alta, para leer en silencio, para sentarse a escribir cartas que no sean las de los Reyes Magos, para jugar al binomio fantástico de Rodari explorando los estereotipos, para brindar, una vez más una rica experiencia de lectura a los niños. Que nadie se lo pierda.

Cartas escritas con plumas y pelos
Philippe Lechermeier
Ils. Delphine Perret
Trad. Mariano García
Madrid/Buenos Aires: Pípala, 2014
16€

Y si quieres más libros de humor, en esta entrada recomendamos tres.
Otro libro de esta editorial que hemos recomendado: El teléfono de las ardillas

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