lunes, 7 de julio de 2014

Cuando los "grandes" como Vargas Llosa, Pérez-Reverte, Marías, Vila-Matas, etc. escriben para los "pequeños": gracias pero mejor no.

Hace un par de años la editorial Alfaguara comenzó una serie titulada "Mi Primer..." a la que supuestamente invitó a escritores de sus filas, a los "grandes", a escribir para niños. Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Mario Vargas Llosa, Almudena Grandes, Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas, Luis Mateo Díaz y Juan Marsé. Algunos -nunca sabremos quiénes para darles las gracias-, tal vez se negaron. Otros, sin duda muy presionados (o no) y sin haber leído en su vida adulta un solo libro para niños, se lanzaron a la aventura. La consigna debió ser: escribir para los hijos, sobrinos y primos de tus lectores. Si hace un par de años no dijimos nada (la colección pasó sin pena ni gloria), desde hace algunas semanas el diario El País está vendiendo con un precio especial esta serie para que sus lectores den alguna lectura a sus hijos, sobrinos, primos. Ya conocemos el interés de El País por fomentar la lectura para niños (es decir, sus futuros lectores): apenas reseñas en sus espacios culturales, prácticamente nada en el suplemento de libros. Es decir, nulo. Pero no solo eso: cuando saca alguna colección infantil acompañando el diario de los domingos, ha demostrado que el nivel cultural que tiene cuando piensa en primeros lectores está por debajo de la media. En el 2008 publicó una espantosa colección titulada Mis Primeros Clásicos con penosas adaptaciones que recibió bastantes críticas, como la carta colectiva que elaboraron numerosos especialistas y que yo suscribí, donde nos sorprendíamos de que "Por el mismo precio de la simplificación literaria obtenemos también una aberración en la ilustración". No sabemos si tomaron nota, pero para la colección que ofrecen ahora han elegido un producto "de la casa".
Yo tengo un par de dudas. Una es qué significa exactamente lo de mi primer, ¿mi primer autor grande?  (Yo, personalmente, viendo el nivel de niños en que piensan estos grandes, diría que se trata, sencillamente, de "Mi primer... libro" pues solo un niño que no haya leído nada de lo que se publica hoy en día puede sentirse interpelado).
La siguiente duda es más sobre la conciencia de estos "grandes": ya concedieron el sí a escribir el texto, probablemente dijeron que sí a las correcciones porque no tenían ni idea de por dónde tirar, ya se publicó y ya se olvidó. ¿Qué deben sentir los autores ahora que han vuelto a sacar los ejemplares del almacén al verlos cada domingo junto a su periódico? (porque todos, todos los autores lo son también del periódico).
Pero vamos a hablar mejor de la colección.

 Para los lectores que no la conocen, la presentamos con una frase de la contracubierta:

Almudena Grandes: ¡Adiós, Martínez! Casilda no es feliz en el colegio. Pero encontrará un amigo muy especial con quien compartirlo todo.
Enrique Vila-Matas: Niña. La pequeña y asustadiza Niña te descubrirá el gran misterio del alfabeto mientras cruza los océanos navegando en un barco pirata.
Eduardo Mendoza: El camino del cole. Descubrirás el maravilloso poder de la imaginación, conocerás sorprendentes personajes y, camino del cole, vivirás una aventura inolvidable.
Arturo Pérez-Reverte: El pequeño Hoplita Descubrirás la historia de la famosa batalla de las Termópilas, con un niño como testigo de los acontecimientos.
Luis Mateo Díez: El niño de plata. Conocerás al Niño de Plata, un ser fantástico venido de muy lejos y cuyo platillo volante ha ido a caer en el jardín de los pequeños Tino  y Pina.
Mario Vargas Llosa: Fonchito y la luna Podrás vivir con el pequeño Fonchito las emociones del primer amor 
Javier Marías: Ven a buscarme. Encontrarás un misterio enterrado en el bosque, que tal vez conduzca hasta el primer amor
Juan Marsé: El detective Lucas Borsalino. Descubrirás cómo el pequeño Lucas se convierte en detective gracias al poder de la imaginación

Lo que se observa en todos estos grandes autores es que tratan a la infancia con mucha condescendencia y desde muchos tópicos que la litearatura infantil ya ha superado (sus editores deberían haberles regalado, antes de pedirles nada, un ejemplar de Matilda de Roald Dahl).
La mayoría de los nombres son diminutivos; los temas, historias escolares, aventuras en el pueblo durante las vacaciones de verano, marcianos caídos en el jardín (E.T. lo contó mejor), asuntos donde no hay nada que resolver o, si lo hay, lo hace un adulto, e  historias donde el móvil es el amor (o un beso).

Por ejemplo, en la historia de Vargas Llosa, Fonchito, el protagonista, tiene muchas ganas de besar las mejillas de Nereida, y esa niña le dice que sí... "si me bajas la luna y me la regalas". ¡Esta niña! ¿de dónde ha salido? Probablablemente, como aclara el narrador, de un papá que va a al club con sus amigos y una mamá que juega al bridge con sus amigas. La cosa es que Fonchito acepta y se las ingenia para darle a Nereida el reflejo de la luna en un balde como su petición. La niña accede al engaño y se deja besar. ¿O no es un engaño? ¡Es que los niños seguro que son así! Habrá pensado el premio Nobel.  Esto es lo que la editorial dice que son "las emociones del primer amor".

También de amor es la historia de Javier Marías (¿será que están viejitos ya?), pero esta vez el ambiente es durante las vacaciones escolares. En Ven a buscarme, Héctor y su hermana Marina visitan a la abuela que vive, justo al lado de un bosque. La abuela les ha prohibido atravesarlo pero Héctor es valiente y se mete en el bosque.
Allí encuentra una caja de galletas con una carta y una foto antigua de una niña que dice: "Mis padres se me llevaron a la ciudad y yo no quiero irme". Pide a quien lo lea que la busque y le manda un beso. Para Héctor es el primer beso y eso hace que hable con su abuela sobre su descubrimiento. ¡Ah! La abuela sabe quién es y les lleva a resolver el misterio, pues es Celia, una mujer que curiosamente está en el pueblo de vacaciones también y tiene una hija, Cecilia, que es igual. Héctor, finalmente se consuela: "Pensó que le gustaría que Cecilia se fuese a la ciudad donde vivía él. Porque si se quedaba con su madre en el pueblo, él tardaría todo un año en volverla a ver".

 Voy a comentar dos más. El de Eduardo Mendoza, El camino del cole, cuyo título no seduce nada. (pero ¿quién escribe hoy en día sobre un niño que va al cole?). Por ser Mendoza quien es le damos una buena lectura.
Y, en fín, es una niña, Inés, que tiene 8 años y va al cole sola por primera vez (¡pero qué manía con el cole!). Como el camino es muy aburrido se va inventando personajes por donde pasa y ve cosas normales. Al panadero lo convierte en un cantante de rock, el repartidor del super es un fotógrafo, ni más ni menos, que de moda, el farmacéutico es la reina de la calabaza de cristal (sea lo que sea esto) y, en fin, a un portero lo transforma en un ... ¡bandido mexicano!. Al regresar les va devolviendo la identidad pero el portero le dice que, por favor, que le deje como bandido: "si pudiera ser un terrible bandido mexicano seguramente me divertiría más". Inés le deja como bandido y se sonríen cada vez que se encuentran porque solo ellos conocen el secreto del terrible bandido.

El último es el mejor. Luis Mateo Díez, con su cuento El niño de plata, ¡se atreve con los marcianos!. Y es que un niño como "de plata" ha caído al jardín de Tino y Pina. Como los niños hoy en día son muy listos (o los nietos de Mateo Díez, quién sabe), "Tino supo enseguida que era un platillo volante y el niño un extraterrestre". Como el narrador va diciendo que todos son hermanos y que no tengan miedo, Tino y Pina se acercan al misterioso niño, a su nave y, cuando están a punto de intercambiar algo, los mandos de la nave vuelven a tener conexión y se va. Lo que los niños aprenden es que "los padres y los hijos son iguales en todos los planetas". Gran aventura y mejor lección.

Después de leer estos cuatro títulos, no me quedó paciencia ni tiempo ni ganas de seguir leyendo a los otros y lamento que estén en este mismo paquete. Pero sospecho que no hay sorpresas, sobre todo cuando Vila-Matas declara en El País que se inspiró en los recuerdos de su padre de 92 años, y cuando descubrimos que el que ha animado a todos a escribir en esta colección ha sido Arturo Pérez-Reverte.




En la historia de la literatura infantil ha habido muchos "grandes" que han escrito para "pequeños": Carroll, Peter Bichsel, Peter Härtling, Roald Dahl, Julian Barnes, Italo Calvino, Isaac Bashevis Singer, Salman Rushdie o Ian McEwan por citar algunos que, con sus aportaciones, han enriquecido el panorama de la literatura infantil, han ayudado a crear lectores y han facilitado el trabajo de los miles de mediadores de lectura que cada día tratamos de encontrar lecturas dignas para los niños. El trabajo de estos escritores vuelve a decirnos que la literatura para niños es una cosa "menor", un cuentito para pasar el rato, algo que les saca de su rutina de escritores y que les permite revivir una sosa infancia. Bashevis Singer, en su inolvidable texto ¿Son los niños los mejores críticos literarios? decía que, cuando se sienta a escribir, primero tiene que tener un tema o un asunto real, después tiene que tener un fuerte deseo por escribir una historia y, por último, debe tener la convicción de ser el único capaz de escribir esa historia en particular. Y dice: "Tiene que ser mi historia. Deberá expresar mi individualidad, mi carácter, mi manera de ver el mundo. Si estas tres condiciones están presentes, escribiré un cuento. Y es lo mismo si escribo para niños o para adultos". Habría que preguntarles a todos estos autores que tienen la pretensión darles a los niños el primer libro de su obra, si han sentido con estas historias lo que suelen sentir cuando escriben para adultos y si, por muchos premios que tengan, no les ha parecido, de verdad, que este cuento era "menor".

P.S. Añadimos los valiosos links que nos aporta un lector o lectora sobre Muñoz Molina y su desvinculación de este proyecto, que puedes leer aquí y otro a propósito de una adaptación del Quijote para niños donde no podemos estar más de acuerdo con todo lo que dice, como por ejemplo: "los editores de literatura infantil y juvenil y los teóricos de la educación consideran que la infancia es un estado de idiotez aún más profunda, capaz tan sólo de recibir los mensajes más simples, de una felicidad digestiva y babosa que no merece ser enturbiada por ningún esfuerzo, pero que debe recibir de los libros el más completo adoctrinamiento."


31 comentarios:

  1. A los niños les resulta indiferente que el autor sea 'un grande'. En general -y sobre todo si el libro pasa a ser uno entre muchos que no dicen nada más que lo archirrepetido-, el autor seguirá en el anonimato para el niño por la gracia de su honestidad y de su desprejuicio. ¿Para qué se meten 'los grandes' en cosas de 'chiquitos'?

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    1. Hola Liset, tienes toda la razón, a los niños les da exactamente igual. Pero somos los adultos los que compramos y nos solemos inclinar por nombres que nos suenan, porqué no. Y hay autores que incursionan en el género, como comento, que son una maravilla. No es este el caso, una colección oportunista y sin criterio. Me gustaría saber quién fue el encargado de editar estos libros, tan flojos. Un saludo.

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    2. Claro, Ana, la intención a claras luces fue esa: llegar a los intermediarios: padres, maestros, mediadores en general. Y puedo dar fe de la flojera porque los he leído. Totalmente de acuerdo con tu análisis. Genios los editores de LIJ que -no obstante- desconocen sus claves o las ignoran en pos de la 'venta loca'. Y genios los escritores osados que se animan con ella porque lo fácil que es.

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    3. que se animan con ella por lo facil que es.

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  2. Gracias por el descaro y la valentía, Ana. Hace poco leía en otro blog sobre LIJ una crítica zalamera y no daba crédito. Ya el título de la colección es significativo, como bien indicas. Eso sí, no estoy muy de acuerdo con la crítica que haces de los temas elegidos. No por tratar del colegio, o de las vacaciones de verano, un texto está condenado de antemano, a no ser que el criterio sea el de las modas. ¿Qué opinas de la selección de ilustraciones?

    Gracias también por el trabajo que vienes haciendo en tu blog en favor de una LIJ con cara y ojos.

    Saludos.

    Javier

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    1. Hola Javier, ni descaro ni valentía (descaro me parecen los que han escrito estos libros). Estoy de acuerdo con lo de los temas, no tienen por qué ser determinantes a la hora de valorar el contenido (de hecho, el libro que cito como buen ejemplo, Matilda, ocurre en el cole), pero en este caso se reconocen como estereotipos anticuados. Sobre las ilustraciones, me reservo la opinión porque es también para una entrada completa y detallada... tal vez más adelante.
      Muchas gracias a tí por ser lector de este blog. Un saludo

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  3. Muy oportuna e irreprochable tu crítica, Ana.

    Si haces memoria, seguro que recuerdas que uno de los que se negó fue Muñoz Molina. Ante el anuncio de que él sería uno de los que escribiría en esa colección, se apresuró a aclarar de forma categórica (y muy considerada con los lectores jóvenes) que él no entraba en ese saco: http://elpais.com/diario/2010/05/01/opinion/1272664808_850215.html

    Ya en un artículo publicado en el 96, AMM había expresado su desprecio por ciertos hábitos de la edición infantil y juvenil, gremio del que yo formo parte. A ojos de hoy, aquella crítica podría parecer injustamente generalizante (desde luego hay cada vez más editores empeñados en desterrar la condescendencia y la pusilanimidad), pero en esencia parece escrita ayer: todavía a muchos de nuestros libros se les puede atribuir el mal vicio de la simplificación; pecado, en todo caso, del que creo que no se libra buena parte de la literatura actual. Su texto puede leerse aquí: http://elpais.com/diario/1996/05/29/cultura/833320822_850215.html

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    1. Muchas gracias, quien quieras que seas I. ¡Justo estuve buscando esto! No me acordaba, y creo que hay otros más que por fortuna se negaron.
      Un saludo

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  4. Me alegra mucho leer esta nueva entrada. Estoy totalmente de acuerdo. Lo peor es que este tipo de libritos escritos y vendidos sin criterio y sin ganas hacen mucho daño en la creación de hábitos de lectura. Niños a los que se obliga a leer colecciones de este tipo, que no enganchan y que provocan indefectiblemente rechazo. Hay que cuidar mucho las lecturas que ofrecemos a los niños: tienen que ser auténticas porque los niños tienen un olfato infalible. La experiencia de una lectura de los grandes de LIJ, dada en el momento oportuno, es inolvidable. Y es lo que crea hábitos de lectura. Flaco servicio a la orientación de las familias y de la escuela estas horribles colecciones que siempre me han parecido falsas, forzadas y aburridísimas. Me alegra saber que Muñoz Molina no participó en esa farsa comercial. Hay maravillosos ilustradores y una literatura muy saludable en LIJ que podría darse a conocer al gran público contando con el criterio y el conocimiento de los mediadores y la editoriales que saben lo que tienen entre manos. Gracias por hablar alto y por toda la información desplegada en el blog.

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    1. Gracias, Esperanza, he añadido los links de Muñoz Molina, y lo que dice sobre los editores de lij es genial. Creo que uno de los problemas es que no hay suficientes espacios de discusión, y no me refiero a revistas o a blogs como este, sino grupos de padres, madres, docentes, bibliotecarios, haciendo tertulias que ayuden a desenmascarar las tantas cosas comerciales que circulan como literarias. Un saludo

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  5. ¡Cuánto me alegra que tú que eres una estudiosa profesional de las LIJ tengas esta opinión respecto a esta colección! Compré el primero para la Biblioteca del cole y no seguí. ¡Qué tomadura de pelo para los lectores! Gracias Ana por iluminarnos.

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    1. Doloretes, ¡cuánto me alegra que tú, que eres una mediadora de lectura, no haya completado la colección! Gracias por tu valentía.

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  6. Enhorabuena Ana, por esta magnífica entrada.... bueno, en realidad como siempre, jejeje
    Como bien dices, no es tuyo el descaro si no el de los que se atreven a hacer este tipo de cosas. Yo escribí hace tiempo un artículo para Primeras Noticias. Revista de Literatura sobre este tema, y en el hablaba precisamente de esta colección, aunque mis comentarios fueron más sutiles, y no tan "valientes" como los tuyos. En realidad yo no soy critica literaria, ni mediadora, ni siquiera profesional en este ámbito como tu, qué lógicamente hablas con más propiedad que servidora. Yo soy una de las muchas escritoras de LIJ que no llegan a editar porque las editoriales prefieren, entre otras cosas, este tipo de engendros....
    En 2010, pocos meses antes de concederle el Nobel, Marío Vargas Llosa confesaba que el género infantil es el más difícil, "porque no es escribir para niños, es escribir como lo haría un niño". Le costó dar forma a su cuento Fonchito y la Luna, que presentaba ese día, y que años atrás tiró otro a la basura.
    De su complejidad hablaba también Miguel Delibes: "Escribir para niños es un don, como la poesía, que no está al alcance de cualquiera". Y el mismo Pérez Reverte decía lo siguiente: "Hay un tipo de literatura infantil que habla a los niños como si fueran torpes o bobos. Y los niños tienen una lucidez y una lógica que ya quisiéramos los mayores".
    Pero.....imagino que la pasta es la pasta, y cuando una editorial piensa en ganar millones (que digo yo será ese el motivo) trata de asegurar con nombres que ya venden por si solos, dando por seguras cosas que no lo son tanto.
    Al final vamos a tener que admitir que no todo el mundo sirve para escribir sobre cualquier cosa, es más, muchos ni siquiera sirven para escribir, aunque lleguen a ser publicados, pero…. ese es otro tema.
    O quizá no sea tan complicado escribir para niños y quienes lo ven de ese modo es que, sencillamente, no deberían hacerlo. Se me ocurre pensar que quizá ese don, del que habla Delibes, consista en no crecer nunca y saber que llevamos un niño pequeño en nuestro interior toda la vida, o como bien dice Michael Ende: "Entre el niño que yo solía ser y el adulto que soy no existe abismo alguno".
    Un saludo

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  7. Gracias por tus citas, Noni, que complementan muy bien, en el caso de los autores citados, que "del dicho al hecho hay un trecho". Un saludo

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  8. Uff! no sabes cómo te agradezco tu reseña, me has evitado traer a casa unos cuentos que obviamente nos iban a decepcionar. No soporto la condescendencia al escribir para niños, se merecen si no el mismo respeto ¡más aún! Lo bueno es que ellos no están sometido al relumbrón de esos nombres y no dudo que mis enanos los habrían leído una vez y no más. Las grandes historias les atrapan como a lectores sabios que son.

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    1. Tienes razón, Ara, los niños reconocen de inmediato buenas historias. Sin embargo, muchos padres que no suelen comprar libros, eligen alguno de estos porque les suena los nombres. En fin.

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  9. Hace décadas, hubo un intento similar de Anaya. También quiso "dignificar" la LIJ con una colección de consagrados como Cela, Delibes, creo que Umbral, Martín Gaite... ¿Resultado? Patético.
    Como el que comentas.

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    1. Ahhh, es verdad, ¡me acuerdo! Y tienes razón, pero creo que hace décadas fue un intento de tener aurtores españoles pues la LIJ no tenía mucha oferta y había que llenar catálogos para nuevos lectores llegados con la democracia.

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  10. Hola Ana. Por no repetir lo que ya están señalando otros, a lo cual me sumo, me gustaría preguntarte por los libros que sí merecen la pena ser leídos. Nombras a unos cuantos "grandes" que se han dedicado a la LIJ con acierto, y algunos nombres me han sorprendido. En concreto me llama la atención la referencia a Ian McEwan, ¿qué pueden leer los más jóvenes de este autor tan estupendo?

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    1. Hola Marta, gracias por la pregunta. Ian McEwan publicó un libro Rose Blanche, que no está traducido, y otro que sacó Destino hace mil años (1995) pero seguro que está en tu biblioteca más cercana titulado En las Nubes, incluía ilustraciones de Anthony Browne. Ahora está reeditado por Anagrama, pero sin Browne. Un saludo.

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  11. Ana: Muchas gracias por tu valiente punto de vista. No sé si llegaste a leer la irónica crítica a esta misma iniciativa de Begoña Oro: http://elblogdelaoro.blogspot.com.es/2014/05/perez-reverte-mendoza-marias-y-compania.html

    La verdad es que todo se reduce al respeto. Al lector y a uno mismo. En este sentido, las palabras de Isaac Bashevis Singer creo que son preclaras, Una declaración de principios.
    Abrazos de letras.

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    1. Ay, gracias Javier, no conocía la entrada de Begoña, y me han gustado muchísimo los links a tantos artículos. El de Vargas Llosa y Peréz-Reverte hablando del tema no tiene desperdicio, como cuando Pérez-Reverte dice: "Estaba leyendo algo sobre la guerra del Peloponeso y me dije: los críos están perdiendo la memoria de las cosas. Antes leíamos la Biblia, la Ilíada... ahora no se lee nada de eso. Pensé en un niño en las Termópilas y escribí el cuento. En media hora. Y al momento pensé que estaría bien que autores que no son de literatura infantil escribieran para niños." ¡Toma esa! Genial. Mil gracias.

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  12. ¡Bravo, Ana! Qué bueno que lo dices. Hay tanta gente, entre ellos las vacas sagradas de la literatura, que deciden hacer "un cuentito" para "niñitos" porque, la verdad, "¿qué tan difícil puede ser?". En general, escriben cuentos malos y condescendientes que a los niños les chocan. La buena literatura le habla al corazón los lectores de LIJ sin importar su edad.

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    1. Gracias Judy, por un lado es cierto. Por otro me apena que estos autores no tengan en cuenta otras tradiciones (la anglosajona, la alemana) de escritores que se acercan al género con mucho respecto y trabajo.

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    2. Como dices, hay autores anglosajones y alemanes que lo han hecho bien. Pero, por otro lado, en Estados Unidos hay libros de celebridades (como Madonna) que ha "escrito" libros para niños porque "no encontraban nada apropiado para sus hijos en el mercado" y por eso los publicaron. Eso en un país que publica muchos libros hermosos. Claro que muchas editoriales le entran a publicar estos libros porque se venden como pan caliente (aunque sean regulares o, en la mayoría de los casos, malos) y entra mucho dinero a la editorial. Yo he leido algunos muy buenos (son muy pocos) y otros malísimos similares a los que mencionas en tu entrada. Obvio, se vende un gran tiraje en poco tiempo y, luego, se descatalogan. Pero después tienes a gente como Roald Dahl, Philip Pullman y Neil Gaiman, que me encantan y que escriben muy bien tanto para adultos como para niños. En México a veces se tiende a ver a la LIJ como una subliteratura pero, por otro lado, las editoriales han visto que se vende muy bien, especialmente a las escuelas para los planes lectores, y hay algunas que están empezando a producir libros para ellos. Total, es un tema que da para mucho más.

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  13. Obrigada pelo teu - frontal - texto. Não conheço esta colecção, mas não é preciso, pois em macro o que falas é sobre o que é a LIJ contra tantas colecções como esta ou livros que se vão editando por ai. 1 abraço de Lisboa.

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    1. Muito obrigada, Dora, pelo seu comentário. Acho que em todos os países existem livros comerciais para crianças de qualidade duvidosa. Isso é o que esta coleção em Espanha.

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  14. Hola.
    Comparto tu idea de que muchas veces se considera al lector infantil como un ser limitado para comprender un mensaje y los textos caen en un simplismo que pareciera ofender al lector y al escritor.
    Esto me obliga a preguntarme sobre la evolución de la literatura infantil en la historia. Actualmente valoramos más la literatura que cuestiona a la que repite los moldes existentes aunque la repetición de dicho molde es signo de la aceptación entre el publico. Libros que repiten formulas gastadas son malos desde nuestra perspectiva aunque el libro original que dio origen a esas múltiples repeticiones - un cuento de hadas, por ejemplo- no es juzgado con tanta rudeza.
    Las exigencias que en día la lij tiene que soportar son distintas a las de otras épocas. Quizás hoy miraríamos con desden la adaptación de un clasico argumentando que solo es destrozar la obra original y no tiene una articulación y demás factores, pero en el plano práctico esta adaptación es el primer acercamiento -y en ocasiones el único- al bagaje cultural común de la literatura. De las múltiples funciones que tiene la literatura, la lij debería privilegiar alguna. La narrativa o la que permite cuestionar. El paradigma cambia, a la lij le exigimos nuevas características, pero estos análisis lo seguimos haciendo los adultos. Un niño disfrutaria más Matilda o una seudo adaptación de una película disney con tanta una secuencia narrativa que generalmemte repite patrones parecidos. Nuestro concepto de literatura, incluyendo la lij, cambia y no hace mas que difuminar las fronteras, esto seguro que es bueno, pero es aún más laborioso.

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    1. ¡Hola! Tienes razón en tu comentario, aunque lo que cuestiono no es que se piense que el niño es limitado, como que los escritores reduzcan su ambición literaria cuando escriben para niños. Sobre las adaptaciones, y ya que citas Matilda, es un gran ejemplo de cómo se transforma una tradición literaria (cuentos de hadas) en una historia moderna, divertida, con grandes exigencias literarias y que pone el niño en primer lugar. Un saludo

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