Además volví a leer un libro que me pareció genial cuando se publicó: Exito, un libro sobre el rechazo editorial (Trama editorial, 2011) escrito por el editor y escritor, Íñigo García Ureta. En este libro, lleno de anécdotas y datos sobre rechazos célebres (el ejemplo de la escritora de Harry Potter es muy elocuente: rechazada 18 veces en su país:como no tenía dinero para hacer fotocopias tenía que esperar a que le devolvieran el manuscrito que había enviado con el franqueo en sellos para su devolución). El autor se pone de parte de los editores y también de los autores explicando los matices que tiene cada uno de ellos hacia su trabajo. La larga y a veces divertida relación de cartas entre editores y autores rechazados resulta de lo más significativa. Aunque la mayoría se refiere al ámbito anglosajón, el autor tiene el detalle de hacer entrevistas a editores españoles que cuentan su versión sobre el arte de decir no.A propósito de esto, una de las polémicas que más me han divertido (pobre escritor) se encuentra aquí -en los tres primeros comentarios-, en el blog de la editorial Caballo de Troya donde se percibe claramente que los autores no se dan cuenta de que ser rechazados debería formar parte de su quehacer.
Para esta entrada (me disculpo de antemano por su longitud) no pusimos ningún límite a los editores para expresar lo que piensan. Hubo dos que declinaron por falta de tiempo y todos fueron elegidos por su espíritu independiente, su valor como editores y la coherencia de sus catálogos. Agradecemos a todos ellos el tiempo que se han tomado en reflexionar sobre el tema y participar en nuestra discusión
Estos fueron los editores (por orden alfabético):
![]() |
| Verde que te quiero verde |
| ¡Siempre sonrientes! |
![]() |
| Xosé en su espacio natural:una feria |
| A Lorenzo no le gustan mucho las fotos |
![]() |
| Vicente y Begoña también leen |
![]() |
| ¿Pensando en un manuscrito? |
Y estas fueron las preguntas:
1- En los años que llevas
editando ¿puedes decirnos los cambios más sustanciales desde el
punto de vista de la creación literaria?
Arianna: En general tengo una
duda muy básica: ¿por qué las personas se ponen a escribir para
niños? ¿Qué tienen que contar? En los textos que recibido por un
lado se encuentran historias muy adaptadas, tanto en término de
personajes y lenguaje (animalitos adorables y palabras muy dulces y
alegres), como en términos de espíritu de la historia (cuentos
enfocados a dar pautas de comportamiento y/o valores); por el otro se
encuentran historias que pretenden ser la libre expresión del arte
de su autor. Y en este ámbito entran tanto textos bien escritos pero
herméticos, como textos evocativos, y textos directamente sin muchas
cualidades.
Personalmente
lo que encuentro a faltar es una inspiración artística real: creo
que la historia no tiene que estar al servicio de una voluntad
aleccionadora, animadora o auto-satisfactoria; la inspiración tiene
que nacer de una exigencia artística y humana. Lo poético evocativo
puede ser maravilloso si se desarrolla con la intención e intensión
de un álbum como por ejemplo Pájaros, cuya traducción al español
ha sido recientemente publicada por Libros del Zorro Rojo.
Lo que me preocupa se
halla en la falta de intención literaria, falta que se materializa
en dos frentes: por un lado cierta tendencia al delirio libre
desestructurado y por el otro en la tendencia a arreglar defectos a
través de cursos de escritura.
Para que no haya
equivocaciones: estoy de acuerdo con los cursos de escritura, a pesar
de salir de una cultura en la que un escritor lo es por inspiración
divina y mucho esfuerzo, creo que hay estructuras narrativas y
elementos estilísticos que se pueden y es aconsejable enseñar para
que el escritor llegue a tener conciencia de los medios con los que
cuenta.
Sin embargo, con un
taller de escritura no se solucionan los problemas, es más se corre
el riesgo de caer en nuevos pantanos: la perfección estructural de
una historia no la hace necesaria. He leído muchos cuentos basados
en mecanismos de relojería, muy bien construidos a nivel
estructural, con elemento de sorpresa aplicado a la perfección pero
en los que –al final- echamos de menos el alma. La esencia de toda
obra literaria está en la capacidad de desvincularse por momentos de
cualquier estructura dada con tal de revelar el alma de la historia.
Digo
siempre que soy muy cartesiana y que en una historia busco coherencia
en el universo de ficción. Eso es cierto, pero no lo es todo; esto
es lo mínimo que se puede exigir a una historia, pero lo que hace
vivas e irresistibles las historias (esas historias que no puedes
abandonar) son sus ligeras desviaciones. Eso es lo realmente
complicado y es aquí dónde reside el alma del arte. No sé si la
siguiente comparación puede aclarar las cosas, pero creo que
precisamente en esto reside la dificultad del arte abstracto y la
belleza conmovedora de una obra abstracta lograda. Soltar amarras,
renunciar a las coordenadas que equilibrarían la composición y
hacerse a la mar, alejarse, manteniéndote consciente de tu posición
absoluta en esa inmensidad.
Irene y Pablo: Comenzamos a editar en
1978. Fuimos la primera editorial que se dedicó a la publicación de
libros álbum en Venezuela y una de las primeras de América Latina.
Hasta entonces, sin posibilidades de publicar, los autores no
dirigían sus obras hacia este formato.
Nuestros primeros libros
fueron adaptaciones de leyendas indígenas. Luego, poesía de poetas
ilustres latinoamericanos. Pasaron varios años hasta que pudimos
trabajar con los autores, con textos que servían para ser
ilustrados. Pero nuestra producción es escasa. Desde 1978 hasta la
fecha, henos publicado poco más de 270 títulos entre originales (un
60% aprox) y traducciones.
No nos atreveríamos a
extrapolar, desde nuestro catálogo, lo que pasa con la creación
literaria en general hoy en día.
Nunca nos fue fácil
encontrar historias interesantes, divertidas, que emocionen y que
funcionen como álbum. Desde el comienzo la editorial se planteó que
el grueso de su catálogo fuesen historias y poco hemos experimentado
en otras de las muchas posibilidades que permite el mundo editorial.
Al contrario de lo que
pasaba en Venezuela en España es diferente. Desde hace diez años,
cuando abrimos oficina en Barcelona, rápidamente nos dimos cuenta de
lo casi obligatorio que resultaba para las editoriales (en general e
infantiles en particular) meterse en la carrera de las novedades.
Publicar entre tres y cuatro cada mes, sin lo cual resultaba y aún
resulta muy difícil hacer caja.
El sistema de distribución
con posibilidad de devolución a tres meses y que privilegia la alta
colocación de las novedades por arriba del mantenimiento, de la
maduración del libro en manos de los libreros, hace que la vida del
libro sea casi tan efímera como un programa de radio. Visto y no
visto. Las reposiciones son más costosas de manejar que la
colocación de novedades, porque requieren atención personalizada,
requieren la respuesta a cada una de las necesidades de las librerías
y generan menor posibilidad de descontar los pagarés de vencimiento
a tres meses.
En un ambiente de
concentración en pocas empresas de distribución y adelgazamiento al
límite de las independientes, las editoriales han necesitado hasta
ahora, entrar en ese remolino que ha privilegiado la publicación, en
algunos casos irreflexiva de novedades, donde se cuelan libros de
baja calidad literaria.
El problema es que, como
decíamos antes, como prácticamente no existe tiempo de maduración,
de que los libreros puedan hacer suyos los libros, teniéndolos,
leyéndolos (e inclusive como nos comentaba una librera, escuchando
la experiencia de los clientes con los libros), se pierden en el
remolino, también libros que valen la pena. La exigencia de
“novedades” en lugar de ofrecer buenos libros, probados por
lectores anteriores, deja poco espacio para que los libros puedan ser
conocidos y recomendados de un lector a otro.
Xosé: Nuestro proyecto
editorial cumplirá el próximo abril quince años y, desde el primer
momento, en nuestro catálogo han tenido gran
protagonismo las obras originales, de producción propia. A lo
largo de estos años se han recibido en nuestro departamento de
edición miles de propuestas de ilustración y tambien miles de
textos que aspiraban a generar un álbum ilustrado. Algunos
cientos lo han logrado. ¿Se escribía mejor antes que ahora?
Creo que no. Tampoco peor.
Lo que sucede, a mi
entender, es que así como las nuevas tecnologías y el
"descubrimiento" del álbum ilustrado han aumentado
exponecialmente la oferta de propuestas de ilustración, la
propia oferta y demanda de este tipo de obras ha creado una
"necesidad" de textos que acompañen a las ilustraciones,
que generen nuevos proyectos. Es como sí, de repente, un gran
número de editoriales hayan descubierto la fórmula mágica de como
crear el álbum ilustrado a partir de un texto breve, "poético",
o graciosamente rimado, o extraído del exitoso repertorio
de algún cuentacuentos, o la adaptación (al alcance de
cualquiera) del clásico universal; o que aborde temas que
tratan de forma explícita los valores educativos que todo niño-niña
debe conocer. A fin de cuentas, parece que escribir un texto breve
está al alcance de cualquiera que sepa escribir, y más si es
para niños. Y más si hay niños en casa y les cuento mis cuentos y
les gustan.
Ahora que ya sabemos
construir un álbum ilustrado, que dominamos la doble página, que
sabemos que el texto no debe pisar la ilustración, que las imprentas
chinas están tan cerca, que las librerías tienen su rinconcito a
nuestra disposición, que los colegios y bibliotecas también,
cómo no vamos a caer en la tentación de publicar todos los textos
que se pongan a tiro si van a ir acompañados de tan hermosas y
coloridas ilustraciones, ¡y en tapa dura!
No se escribe
ahora peor ahora que antes, pero se publican demasiadas
obras absolutamente prescindibles que ni emocionan, ni divierten, ni
aportan nada original. No es nada nuevo, pero sí en mayor número.
Lorenzo: Los cambios en la creación
literaria en la LIJ vienen impuestos, lamentablemente, por el
mercado. Las tendencias literarias son consecuencia de unos
determinados libros, autores, que resultan muy rentables
económicamente a sus editoriales, que, en principio, no hacen otra
cosa por la literatura que satisfacer esa demanda, real o impuesta, y
promocionarla para que, obviamente, se alargue al máximo el efecto
del bestseller. Es una conclusión que nosotros consideramos
acertada para la inmensa mayoría de las editoriales, sean grandes,
medianas o pequeñas.
Vicente: El cambio más sustancial
debe de ser el que he experimentado yo. Será la edad, será el sodio
no asimilado de la mesalazina que tomo tres veces al día o será el
clima de Valencia, quién sabe. El caso es que ya no tengo paciencia.
No entiendo que sean los personas más desagradables que uno puede
imaginar quienes nos dicten a los demás cómo deben hacerse las
cosas y que no haya creación literaria que por lo menos lo cuente.
Los cuentos sustancialmente no han cambiado, pero sí siento que todo
lo demás está cambiando, y no siempre a mejor. «Uno detrás de
otro, iban llegando los ministros e iban ocupando su lugar en la
mesa: el sr. Patán, el sr. Nefasto, la sra. Funesta, el sr. Pelma,
la sra. Lela, el sr. Inepto, la sra. Ruin, el sr. Rufián…». En
otra época, esto podría ser el inicio de un relato dirigido a los
niños, pero me parece que pocos autores lo ven así ahora mismo. La
sociedad, y la literatura (que es su reflejo), se están haciendo, en
mi opinión, cada vez más conformistas.
Daniel: Como en otros campos de la
cultura, en la LIJ lo primero que salta ala vista es que hoy hay una
mayor variedad, la velocidad y, tal vez derivada de ello, la
falta de consistencia de la mayor parte de la oferta.
Pero creo que es imposible
responder a esta pregunta haciendo caso omiso a los cambios brutales
que han pasado en el mundo en estos 25 años, particularmente
en por los originados por el formidable desarrollo de las TIC, que
afectan la manera en que nos comunicamos e informamos y por supuesto
a la cadena del libro. En nuestro campo habría que hablar
también del efecto perverso de la escolarización de la LIJ
aunado los cambios en los canales de ventas. Es decir, los cambios de
la LIJ son un detalle en un cambio profundo en el campo de las
transformaciones de la educación, la cultura, las comunicaciones,
las relaciones niño adulto y niños y jóvenes con el mundo, de la
industria del entretenimiento, etc.
Por tiempo, no podría
responder en extenso a todo. Por honestidad intelectual sólo me
referiré a la parte del campo de la LIJ que hoy me ocupa, pues
casi he dejado de publicar narrativa y desgraciadamente no he tenido
tiempo para seguir con atención lo que está pasando ahí. Puedo
tener ciertamente una idea base. Por ejemplo podría decirte que hace
25 o 30 años, cuando yo me comencé a internar en este campo fui
testigo de un momento privilegiado. El mercado de la LIJ estaba
(re)surgiendo y con el se dio un boom de buenos escritores para niños
y jóvenes, particularmente en España y Argentina. Las fórmulas
fueron distintas, pero el patrón era similar: escribir para niños
era una forma de ganarse la vida y de intentar transformarla. En
España era más importante lo primero, en Argentina lo segundo. Y
todo era propiciatorio, particularmente la escucha de los niños. Se
les había menospreciado, de pronto escritores, padres, maestros
descubrieron que eran interlocutores formidables, exigentes,
sedientos. Podría citar al menos 25
escritores españoles y argentinos que estaban publicando obras de
gran calidad literaria y vivían de ello. Las editoriales también
vieron que había un campo muy promisorio, se abrieron espacios para
la discusión y el análisis. Creo que fue un boom. Pero el
éxito, como el fracaso, tiene dos caras. Sostener la producción
literaria de calidad al ritmo de novedades que exigían
muchas editoriales , librerías o escuelas resulta complicado, por
decirlo de alguna forma…. E invertir mucho tiempo deja de ser
rentable en términos económicos (y ser profesional supone eso,
querer vivir de lo que haces). Por otro lado pronto también
muchos se dieron cuenta de que tampoco era necesaria la calidad
para vender, incluso que era contraproducente. Como ves, la
profesionalización tiene lados muy positivos, pero también aspectos
oscuros. La mejor lij a menudo surgió de una relación intima entre
un escritor y un lector real con el que ese escritor tendía una
relación privilegiada: no de un lector supuesto, que siempre incita
a creaciones previsibles o superficiales.
Volviendo a tu pregunta,
cuando hablamos de creación literaria en nuestro campo, nos
referimos a muchas cosas muy distintas: al novelista, al cuentista,
al poeta, al escritor de textos para álbumes, al guionista de
un bd… cada género tiene su historia, sus reglas, sus
parámetros de calidad. El texto de un álbum , por ejemplo, no es un
poema con ilustraciones. Creo que mucho de lo que se
publica revela que la llamada profesionalización no ha logrado
traducirse en la comprensión del rigor de cada género.
Y en ese sentido creo que coincido contigo en el hecho de que la
apariencia del libro ha servido para ocultar la falta de
solidez de la propuesta integral.
2- ¿Recibes originales en
español? ¿Cómo definirías lo que llega? ¿Cuántos pasan a una
segunda lectura porque te parecen interesantes?
Arianna: Sí,
recibo muchos originales en español y en otros idiomas, sobre todo
en italiano. Hay algunos textos que me encantan, otros en los que
creo que hay alguna buena idea pero que necesitarían que se les
diera unas cuantas vueltas, otros amanerados que nacen de una
concepción un tanto limitada de la infancia, otros que pertenecen al
ámbito de lo poético y evocativo. En relación a la segunda
lectura, muy pocos textos pasan a una segunda lectura. También es
cierto que es muy poco lo que puedo publicar en A buen paso y a
menudo me queda claro que por muchas posibilidades que tenga un
texto, no acaba de encajar con lo que creo es el estilo o el centro
de interés de la editorial. A muchas personas les pido que vuelvan a
enviarme sus textos en futuro, porque creo ver algo en sus obras y,
como soy curiosa por naturaleza, me interesa seguir su evolución.
Ahora bien, en A buen paso los libros suelen nacer del texto, de
manera que la lectura de obra original es lo más fundamental.
Irene y Pablo: A juzgar por la cantidad
de proyectos que nos llegan son muchas las personas se aproximan a la
escritura para niños y no siempre el resultado es satisfactorio. Los
libros ilustrados son atractivos. Apetece hacerlos y en cierto modo
se han puesto de moda.
Recibimos muchísimas
propuestas (a todas las editoriales les pasa). Tantas a la semana
como días tiene ésta. Intentamos considerarlas todas y también
consideramos, revisamos, discutimos muchos libros para traducir que
nos llegan de la inmensa oferta internacional y, justamente porque
publicamos entre 8 y 12 novedades al año, tenemos que intentar que
éstas tengan larga vida. Que podamos hacer muchas ediciones. Por
fortuna, la mayoría de las veces lo conseguimos. En ese análisis,
en esas revisiones constantes de originales y posibles traducciones,
nos topamos con una evidencia estadística: no es fácil contar
historias. Narrarlas de manera coherente y atractiva. De manera
emocionante y entretenida. Y aquí no sólo nos referimos al texto, a
la narración con palabras, sino también a la narración visual.
Xosé: Como anoté en la pregunta
anterior, al publicar obras originales recibimos constantemente
propuestas de los países en los que publicamos: España, pero
también Portugal, Italia y Latinoamérica. Todo lo que recibimos se
lee, y a todo el mundo se le contesta. Pero muy pocos textos soportan
una primera lectura. Algunos provocan debate y se discute en el
equipo si publicarlo o no: Los menos, los que consiguen emocionarnos
o encantarnos, los que nos alegran el día o nos dejan un poso de
nostalgia, los que nos seducen a primera vista, esos se convertirán
en la semilla que harán nacer el álbum pasados los meses, o incluso
los años. Son los textos que dan sentido a nuestro trabajo.
Lorenzo: Sí, claro, todos los
editores recibimos originales. Y, sin embargo, la calidad de los
originales, la calidad literaria de esos originales, deja mucho que
desear. Según nuestra experiencia y aunque duela reconocerlo,
especialmente a los que quieren ser autores, el nivel literario de
los originales, por lo menos de aquellos que nos llegan a nosotros,
es bajo, tristemente bajo. El porcentaje que retiene nuestra
atención, después de una primera lectura, es, triste reconocerlo,
insignificante y sí, esa segunda, tercera, cuarta lectura tiene que
ver con una primera impresión positiva.
Vicente: Recibo. Hay mucho ogro,
mucha sirena, mucho elixir mágico. Parece que la imaginación no nos
da para más. Me gustaría poder contestar a todas las personas que
envían sus proyectos, pero lamentablemente carezco de tiempo para
hacerlo. Tampoco sé muy bien qué decir en algunos casos. Escribí
en la página web de la editorial (sección Miscelánea, subsecciónNoticias) una nota dirigida «A los futuros autores» pidiendo un
poco de comprensión y de compresión (de las imágenes muy gordas) y
un poco de paciencia (la que yo ya no tengo). Me llama la atención
el que un porcentaje altísimo de la gente que se dirige a nosotros
no conozca en absoluto nuestros libros. Es difícil tratar
profesionalmente con quienes no tienen esa mínima curiosidad, que es
también una forma de respeto.
Daniel: Mi sueño como editor es
recibir un original de un escritor nuevo y extraordinariamente
talentoso. Eso me obliga a tener siempre la puerta abierta y leer
cuanta carta me llega.No me interesan los curriculums, las opiniones
de los sobrinos o la trayectoria del autor, sino el archivo
adjunto con la obra. Muchas veces la descartas en los primeros
renglones, sea porque te parece un espanto, porque no te interesa o
porque no tiene cabida en tu catálogo (¡lo mínimo que le puedes
pedir a un escritor es que se tome el trabajo de saber a quién le
escribe y de estudiar tu catálogo!) Si algo me interesa,
aunque sea en germen, contesto la carta con sugerencias. En algunos
casos, después de muchos intercambios al final han salido libros muy
hermosos, de varios de ellos hemos vendido derechos.
3- Los escritores dicen que
los editores no arriesgan... ¿qué opinas de esto?
Arianna: Creo que hay que hacer
distinciones. En cada caso habría que ver de qué estamos hablando:
es decir que creo que existe un fondo que nos permite hablar del
valor objetivo de un texto y sobre esto no habría que discutir. En
un segundo nivel está el gusto personal, la línea editorial y/o el
miedo. Entonces en un primer momento hay que reflexionar sobre el
valor del proyecto planteado y su interés real. Hecho esto, llega el
resto… El problema de las editoriales es que se ocupan del arte y
que el arte y el mercado tienen muy mal encuentro. Es cierto que una
empresa editorial o nace de un tipo de mecenazgo o tiene que ser
económicamente autosuficiente (de alguna manera). ¿Qué hacer?
Puedes tratar de solucionar el problema siguiendo las modas y los
requerimientos curriculares, o puedes apostar por un elección clara
de línea editorial y trabajar para difundir la voz y ampliar tu
público interesado. De alguna manera la tarea acaba convirtiéndose
en una misión. Como creo que la edición es un su esencia una tarea
moral, personalmente me quedo con la segunda opción.
Irene y Pablo: En nuestro caso, nos
arriesgamos cuando sentimos que vale la pena. Lo que cada editorial
debe definir es por qué cosa está dispuesto a arriesgarse. Tenemos
en nuestro catálogo muchos libros con historias “incómodas” (La
composición, El robo de las aes, Un puñado de semillas, De noche en
la calle, Vamos a ver a papá, Zorro entre muchos otros) porque
creemos en ellas, porque queremos dar el punto de vista de la
editorial, porque también queremos dar temas para la discusión. En
estos, la decisión de publicarlas ha sido independiente a valorar su
desempeño comercial.
El riesgo, por lo tanto,
no puede ser medido en general, sino en relación con el catálogo de
cada editorial.
Xosé: ¿Se arriesgan los
editores? Pues habrá de todo. Yo creo que en el panorama editorial
español hay suficientes ejemplos de proyectos arriesgados y de
proyectos más conservadores, tanto si hablamos de textos como en las
propuestas plásticas. La cuestión de fondo es saber a quien te
estás dirigiendo, cuales son los destinatarios y ser coherente con
el proyecto editorial que estás construyendo. En nuestro caso,
publicamos mayoritariamente para niños, y eso implica una gran
responsabilidad porque estamos aportando propuestas para la memoria
del mañana. Una cuestión que nos parece muy seria, nada frívola. Y
elegimos; como editores elegimos y nos posicionamos. No somos
neutrales en absoluto porque deseamos hacer libros hermosos y
comprometidos. ¿Eso es arriesgarse?
Lorenzo: Arriesgar es muy relativo.
Si un editor apuesta por un original, es porque está convencido de
su calidad y, consiguientemente, ese “riesgo” está incluido en
la profesión. Nosotros, como muy bien sabes, apostamos desde el
primer día por una determinada línea de edición y nos mantenemos
fieles a ella. Podríamos hablar de riesgo editorial en aquellas
editoriales cuyo programa venga marcado por un mercantilismo
determinante. No es nuestro caso.
Vicente: Hay editores para todos
los gustos, como es patente. Ese tipo de generalizaciones no sirve
para nada. También se podría decir lo mismo de los escritores, de
los ilustradores y de los lectores. ¿Qué queremos decir con
arriesgar? ¿Publicar cosas nuevas? ¿De qué cosas nuevas estamos
hablando? Para distinguir cuáles son las cosas nuevas, deberíamos
antes conocer las viejas. ¿Conocemos bien las cosas viejas?
¿Conocemos, por ejemplo, una serie de libros que publicó la
editorial La Gaya Ciencia en 1978 bajo el título «Libros para
mañana»? Un libro era Hay clases sociales; otro, Cómo puede ser la
democracia; y otro («en preparación»), La corrupción está en
todas partes.
Daniel: Ser editor es asumir
riesgos. No hay una fórmula que asegure el éxito, ni nada que por
sí mismo sea comercial. Y creo que cada editor debe asumir los
riesgos que considere que puede enfrentar exitosamente, si no sería
una trastada, incluso con el autor.
Hay editores que van por
los caminos trillados (y fracasan), otros que tienen éxito siendo
heterodoxos., y serían un fracaso si cambiar lo que los distingue.
Yo prefiero no medirme en esos términos. Arriesgo cuando
creo que algo vale la pena y pienso que lo puedo vender, al menos que
tengo razones poderosas para recomendar el libro a un posible lector.
A veces ese posible lector son miles, en ocasiones son pocos. Pero
siempre es alguien al que puedo imaginar. Pero si no visualizo
algo prefiero no gastar tinta, papel ni dinero. Finalmente, lo
que define el campo del libro para niños y jóvenes es que se hace
algo para alguien diferente de uno.




9 comentarios:
Gracias, Ana, por este nuevo post. ¡Has elegido "la crème de la crème"! Tal vez no estén todos los que son pero sí son todos los que están. Me parece efectivamente totalmente injusto afirmar sin matices que "los editores no se arriesgan". Muchos sí lo hacen y me doy perfectamente cuenta de ello en mi actividad profesional diaria. Es un trabajo complejo y muy arriesgado y hay que saludar la valentía de los editores que están al servicio de la creación literaria y artistica y que no publican lo que quiere "el mercado" (cosa por otra parte muy aleatoria pero es otro debate). Obviamente, el riesgo es mayor para las pequeñas editoriales. Pero tampoco hay que olvidar que existen también editoriales de mayor tamaño que no buscan la rentabilidad inmediata de todos y cada uno de sus títulos y que logran el difícil equilibrío de publicar libros más comerciales que les permiten arriesgarse con otros, obras de creación menos asequibles de entrada, long-sellers y libros de fondo...
No sé si estar de acuerdo o no con ellos. La verdad es que después de años escribiendo y recibiendo NO's es difícil saber lo que pasa por la cabeza de un editor.
Más aún cuando yo mismo he ayudado a arrancar las carreras de muchos escritores y he dado consejos a muchos que ahora tienen 1, 2, 5 o 10 libros publicados y yo sigo con los míos en el cajón.
Es tan difícil entrar y saber lo que va a gustar en cada momento, que lo mejor es seguir intentando, por muchos palos que den. Por mucho que digan que reciben muchos originales con una calidad muy baja, es igual. Seguir trabajando en los originales y esperar el día que todos esos NO's se transformen en SI's es lo único que nos queda.
Digan lo que digan.
ANA, tus entradas son movilizadoras, se agradecen. Tal vez sería interesante hacer llegar estas preguntas a editores de otras líneas editoriales, para comprender, si se puede, un poco más el mercado. Creo que los que estamos en el medio ya intuíamos estas respuestas, de estos Señores Editores.
Sigo pensando que independientemente del papel que te toque, ya sea editor, escritor, ilustrador, corrector, etc. Hay una preparación desde lo profesional, una elección desde lo personal y una dedicación desde la pasión y el día a día, que hacen la diferencia.
Un camino de superación, un hallazgo y una vida de trabajo pueden lograr mucho a favor del libro. Que en definitiva es lo que todos queremos.
Francamente, me ha aterrorizado la actitud de algunos de los editores entrevistados. Y así nos va. En mi experiencia de varios años, qué buscan los editores en un libro es todavía un misterio, por lo visto casi todo el material que reciben es 'indigno' de su linea editorial, y aunque dicen que sí arriesgan, lo que está claro es que al final publican los mismos 4 escritores y 4 ilustradores de siempre, casualmente aquellos que venden más o que recogen más premios, el resto no existe. Por lo demás, felicidades por el blog y por dar cabida al debate, siempre tan necesario.
Ana, jugosísima entrada, muchas gracias.
Me permito agregar una cuestión a estas dudas de qué es lo que busca un editor o qué quiere decir que se arriesga, y es que, a mi modesto parecer, la edición, además de un trabajo profesional, tiene mucho de subjetivo. Y celebro que así sea.
Enhorabuena Ana, vaya dos entradas! has conseguido enganchar a mucha gente, y eso es genial.
Estoy completamente de acuerdo con Nat, al fin y al cabo lo que prima en la elección de un editor, lógicamente, es la subjetividad, y como ya se sabe "sobre gustos...". Un saludo, ah! y gracias por tu blog.
A todos los que protestan porque no les publican: en lugar de echar la culpa a los editores ¿y si resulta que es cierto que lo que hacemos no es tan bueno? Si en lugar de buscar excusas y culpar a los demás nos esforzamos más tal vez terminemos consiguiéndolo. Otros lo han hecho. Si no, siempre queda autoeditarse. Hay lugares donde se pueden publicar libros digitales gratis. Hay concursos con el nombre a sobre cerrado. Si estamos tan seguros de ser tan buenos, esa es una buena forma de demostrar a los editores lo equivocados que están, si es que lo están. Después no podrán negarse. Lo otro me recuerda un poco a 'me suspenden porque el maestro me tiene manía'. Podemos seguir poniendo excusas, o podemos esforzarnos más. Que cada uno escoja.
Un ejemplo cutre pero que creo que vale: imaginad que los de la mesa son los editores, y el otro un nuevo escritor segurísimo de su talento.
http://www.youtube.com/watch?v=tnenvA-KgMA
Hola Ana,
soy uno de los tantos que nos movilizamos a partir de la entrada en el blog de Germán Machado (htt://machadolens.wordpress.com), así que muchas gracias por tu nueva entrada, que otra vez motiva reflexiones, abre panoramas, en fin, ayuda a pensar.
La selección de preguntas es muy buena, aunque es muy acotada la selección de editores a quienes les preguntás: se trata de editoriales muy militantes, con una línea de pensamiento y trabajo clarísima, y al menos en mi caso, cuando pienso y hablo de debatir con los editores y las editoriales, me refiero a incluir también a las grandes empresas multinacionales, las que ocupan la mayor cantidad de estantes y hojas de los catálogos de novedades de las librerías.
Habrá que seguir debatiendo, pensando y trabajando.
De nuevo, muchas gracias.
Publicar un comentario en la entrada