lunes, 25 de abril de 2011

El futuro del libro (infantil)

¿Está en peligro el libro infantil? No es una pregunta que se escuche mucho en los últimos tiempos cuando, sí, todo el mundo se pregunta si está en peligro el libro en general. No pasa un día sin que haya un artículo advirtiendo que las librerías desaparecerán y los editores tienen que reciclarse. La caída de ventas y la crisis generalizada no auguran buenos datos. Tampoco para los libros infantiles, tal y como analiza el Anuario de Literatura Infantil publicado por la editorial SM. En las conclusiones de este estudio se indica, sin embargo, que la literatura infantil se mantiene muy activa y el descenso de ventas se debe, principalmente, a la ausencia de best-sellers. También preocupa, y mucho, el incremento del libro electrónico y los nuevos accesos a los contenidos digitales. Mucho de este debate, sin embargo, no ha trascendido al campo de la literatura infantil...
Por eso me gustaría recomendar la lectura de un libro, que ha nacido por este creciente interrogante de la crisis y sus consecuencias para los libros

 La lectura es una selección de textos coordinados por Antonio Basanta -director de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Madrid- que la revista Arbor (CSIC) le ha solicitado. Además de algunos textos institucionales, con datos y números, hay unos cuantos dedicados a la importancia de la lectura. El de Enrique Gil Calvo (La lectura del hogar como criadero de lectores)  habla de la memética: "la difusión social o transmisión interactiva de los hábitos culturales de comportamiento" o, lo que es lo mismo, la importancia del contagio de conductas lectoras en el hogar, en la biblioteca, en la escuela, en la librería, en el grupo de amigos o las redes sociales. 
Este artículo se complementa muy bien con el de Juan Mata. Mata, que es profesor, sabe bien de lo que habla y en su texto plantea tres interesantes cuestiones:

1- "Cuanto más se lee en el hogar y mayor número de libros hay, incluidos los específicamente infantiles, más capacidad de comprensión lectora manifiestan los niños"
2-La mayoría de maestros y profesores no leen, incluso aunque promuevan muy activamente el hábito de la lectura.
3-La lectura en la escuela prima lo académico, el análisis formal, lo formativo, los valores y lo educativo, restando al acto de leer un encuentro emocional y afectivo. 
4-Muchos de los libros para niños que se publican responden al punto 3.

Alejandro Tiana Ferrer analiza los últimos estudios sobre evaluación de la comprensión lectora, llegando a la conclusión de que todavía queda mucho para llegar a conclusiones fiables. Los niños leen, pero nadie sabe exactamente lo que comprenden.


Otro artículo que explora las dinámicas de los "nuevos" lectores (nuevos en un sentido digital, claro) es el de Darío Villanueva que llama a estos lectores los nativos digitales. Villanueva reclama pautas pedagógicas nuevas para estas habilidades que tienen que ver con una ampliación de la educación en las nuevas tecnologías. Algo que, al parecer, está pendiente.


Por último, el artículo de José Antonio Millán titulado La lectura digital y sus poderes trata de responder a la pregunta: ¿Hay diferencia entre la experiencia de lectura en dispositivos fijos (ordenador) o los que se pueden mantener en la mano (ebook o smart phones) y la de las obras en papel? Pero la respuesta no queda clara. Todavía hacen falta muchos estudios y mucha observación, mientras los lectores parece que avanzan hacia no se sabe bien dónde. Al menos, en los libros para niños, la abundancia de libros en papel parece garantizar (de momento) un acceso amplio y variado.


Este volumen ofrece también artículos sobre la literatura infantil (Gustavo Martín Garzo), las librerías (Fernando Valverde) o la memoria y los libros (Emilio Lledó), así que es altamente recomendable para un repaso sobre el tema. Los que quieran ver el índice completo, aquí


Nosotros, seguiremos indagando en estas cuestiones.

4 comentarios:

Matilda dijo...

Qué entrada más interesante. Nunca me había planteado si la literatura infantil está en peligo. Yo creo que no, de hecho, creo que la literatura en general no está en peligro, siempre habrá personas que lean y escriban, lo que sí creo es que habrá cambios, eso sí y además, me parecen muy curiosos los que ya estamos viviendo.
Hoy hablaba con mi marido sobre cómo montaría yo mi librería y le decía que claro, hay que tener en cuenta el libro digital, hacer millón y medio de actividades y a mí, me encantaría poder dar cursos, todos esos que en Sevilla no hay, traer aquí todo lo que yo tengo que ir a buscar a Madrid, o por lo menos un poquito. Las librerías cambian, los libros también y la manera de leer también pero no creo que dejemos de hacerlo, ¿no?
Me ha gustado mucho esta entrada Ana, gracias por compartir todo esto.
Un saludo.

Bibliolibre dijo...

Buenas reflexiones que dan que pensar.
Mientras, seguiremos en la brecha para que ese final de los libros infantiles llegue lo más tarde posible.
Gracias, Ana.
Bibliolibre

Noemi - La Tortuga Casiopea dijo...

Hola Ana!
Interesante entrada. Yo he empezado a editar libros digitales y mi gran preocupación es ante todo promover la lectura entre los más jóvenes. Seguro que los hábitos cambiaran pero la necesidad y el placer de leer va más allá del soporte. Por otro lado, a los "nativos digitales" no les supondrá ningún problema leer en pantalla en lugar de en papel, más bien al contrario.

Joel Franz ROSELL dijo...

La literatura siempre ha estado en peligro. La buena literatura (sea lo que esto sea, que puede tratarse de muchas cosas) siempre ha estado asediada por la mediocridad y por los intentos de convertirla en algo rentable y razonable y al servicio de causas diversas. Pero es cierto que vivimos uno de esos "picos" en que el peligro aumenta, no solo por los cambios tecnológicos sino por la presión de las lógicas de mercado (no del mercado de libros, que eso es natural; sino del mercado financiero, que también se ha metido a especular en el campo editorial). Lo importante es que se siga respetando a los lectores y a los autores profesionales, que se pare un poco con la avalancha de novedades y se deje a los libros respirar a su propio aire, dándoles tiempo y espacio para encontrarse con sus lectores

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